SANTA MARÍA DEL OLIVAL, TOMAR –
Tomar, una ciudad mágica de Portugal; se le considera la segunda provincia templaria en el mundo. Una magia, que trasciende a la palabra según se entiende en la actualidad, y supera cualquier concepto que la modernidad quiera darle. Un centro de irradiación de luz, mística, espiritual y esotérica. En esta ciudad está el templo de Santa María del Olival, construida por su fundador Dom Gualdim Pais.
La arquitectura del Templo muestra la transición entre los estilos románico y gótico. Las capillas laterales y la galería sur son de estilo renacentista y datan del siglo XVI. La tumba de Gualdim Pais (en la segunda capilla lateral), la figura de Nossa Senhora (de Diogo Pires-o-Velho), la tumba renacentista del primer obispo de Funchal (en la capilla mayor a la izquierda) y la capilla de Simão Preto con azulejos del siglo XVII son dignos de interés.
Ahí, en el rosetón sobre el pórtico del altar mayor, está inscrita la estrella de cinco puntas, y a su vez el roseton de la entrada principal está sobre una rosa con los pétalos abiertos. Esto es de importancia, por la clara relación entre la rosa y la cruz. Esto lo entenderán los investigadores esotéricos de la cuestión. Sin embargo, es algo muy sencillo y que no está tan oculto, como algunos creen, ni tampoco es maligno, lo contrario, es una simbología sobre el hombre y el universo, el microcosmos y el macrocosmos.
La estrella de cinco puntas representa el microcosmos (hombre), es decir, el quinto principio, humano – mente superior o parte espiritual. Representa lo que Fernando Pessoa llamó al quinto imperio, porque el quinto elemento es el que emerge de la cuadratura. Si tenemos un cuadrado y trazamos dos diagonales, su punto de intersección es el quinto elemento y, si le damos profundidad al elevar ese punto central, obtendremos una pirámide de base cuadrada y cuatro lados triangulares que como resultado da el número siete, símbolo de la realización humana completa.
La meta del humano de ser la obtención del quinto elemento, porque el cuarto ya lo conocemos: los cuatro ángulos del espacio, los cuatro puntos cardinales, el «cuaternario». El «cuadrado» de por sí ve las cosas de forma cuadrada. Necesitamos una dimensión metafísica, espiritual. Ahí es donde entra el quinto elemento (dimensión de profundidad), que en otros tiempos era conocido como éter, y que no es más que el elemento espiritual.
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