LA HISTORIA DE ISAAC
TESTIMONIOS SOBRE LAS OBRAS SALESIANAS
La cultura africana nos dice: «Yo soy porque tú eres y tú eres porque yo soy». -Ubuntu.
Nací el 28 de junio de 1990 como Isaac, hijo único, en Endarasha, un pueblo rural en el condado de Nyeri en Kenia. Me crié en una familia muy humilde, compuesta por mi madre, mi abuela, una tía y sus dos hijos. Mi madre me abandonó cuando yo tenía solo unos meses y se mudó a Nairobi en busca de trabajo. Nos reunimos en Nairobi cuando yo cumplí los diez años.
A su regreso, mi madre intentó que yo vaya a diferentes escuelas primarias, mientras ella pagaba arriendo en muchos barrios pobres de Nairobi. Finalmente, nos instalamos en la propiedad de un pariente lejano, pero luego fuimos forzados a salir, porque mi familia no quería trabajar sin paga en aquella finca.
Lo considerábamos un abuso: mi familia se vio obligada a trabajar durante mucho tiempo sin remuneración, cuyo valor ascendía a más de lo que habríamos pagado en alquiler. La vida perdió sentido y nos separamos como familia cuando yo tenía doce años.
Con un futuro incierto, mi educación se detuvo. Mi abuela se fue a trabajar en el condado de Kiambu ganando apenas USD $2 por día. Mi tía se fue a otro pueblo en el mismo lugar, alquiló una casa y se ganó la vida en trabajos temporales. Yo me fui a un barrio pobre (Kayole, Matopeni Shanty) en Nairobi, donde afortunadamente, después de ser dirigido por mi abuela, encontré a su hermana mayor.
También mis dos primos se fueron más tarde a Nairobi. En este terrible evento perdí lo más importante en la vida: la familia. Creo que una familia es la fuente más importante de amor, atención, sustento material y guía moral, y me devastaba la idea de estar solo.
Mi tía había sido despedida de la granja donde trabajaba en el condado de Nakuru (Molo), después de la violencia postelectoral de 1997, y se fue a Nairobi. En cambio yo, en Nairobi, me quedaba en casa de la hermana de mi abuela, que estaba en un gueto.
Odiaba el solo pensar en el agua, porque para conseguirla, significaba caminar unos tres kilómetros con una lata grande que era demasiado pesada para mí. Y cuando llovía, el techo goteaba terriblemente e inundaba todo el interior de la casa.
Debido a las deplorables condiciones de vida en la casa de mi tía abuela, comencé a recolectar chatarra y plásticos viejos para venderlos por un ingreso muy bajo. Matopeni, Kayole (un barrio marginal en Nairobi) era el principal punto de desfogue del alcantarillado de la ciudad de Nairobi, antes de que la tierra fuera subdividida y entregada a los desplazados internos de Molo (así consiguió su parcela mi tía abuela). Después de ahorrar algo de efectivo de las ventas de chatarra y plástico, comencé un pequeño negocio de cocina y venta de refrigerios (Mandazi), que es muy popular para el desayuno en la mayoría de las zonas marginales.
Después de las elecciones generales de 2002, el régimen de Kibaki ganó las elecciones asumiendo al poder en 2003, y fue cuando hizo que la educación primaria fuera gratuita. Sin embargo, solo se eliminó el costo de la matrícula, por lo tanto, se seguía necesitando dinero para muchos otros costos. Me acerqué a un centro social del gobierno local para explicar mi situación, pues anhelaba completar mi educación. Quería un lugar donde pudiera comer y dormir cerca de una escuela primaria del gobierno, y así, poder completar mi educación básica.
Afortunadamente, Dios allanó el camino y tuve la oportunidad de vivir en Mbotela Social Hall en Nairobi y me uní a la Escuela Primaria Morrison. Al descubrir mi amor por la educación, los trabajadores sociales buscaron la mejor manera de que yo completara mi educación en un buen ambiente para el aprendizaje.
De esta forma, ese mismo año, tuve una oportunidad en Bosco Boys Nairobi, una institución de los Salesianos de Don Bosco. A pesar de que perdía tiempo fuera de la escuela, porque era joven, pero aun así, cumplía con las exigencias de las autoridades de la escuela, para cumplir con mis metas académicas.
Además de la educación, Bosco Boys fue una bendición oportuna para mí, ya que aprendí habilidades, entre ellas, mecánica, agricultura (cría de animales y producción de alimentos), habilidades de liderazgo y música. Lo que es más importante, recibí una estrecha orientación espiritual y moral de los Directores Rev. Fr. Babu Augustine, S.D.B., y más tarde por el Rev. P. Sebastián Chirayath, S.D.B., entre otros salesianos de Don Bosco. Mi cálido y especial agradecimiento va para ellos. Como resultado de unirme a Bosco Boys, volví a conectarme con mi familia y paso tiempo con ellos tres veces al año durante los feriados como la Navidad.
Aprobé mis exámenes de la escuela primaria y obtuve una beca para la escuela secundaria en Mogotio, condado de Baringo, por parte de Bosco Boys y obtuve todo lo que necesitaba para asegurar la excelencia en mis estudios.
Sin embargo, la oportunidad de terminar mis estudios en Nakuru duró poco como resultado de la violencia postelectoral de 2007/2008. La violencia era de naturaleza tribal y estaba dirigida a miembros de mi comunidad. Fue horrible cuando perdimos un sacerdote y algunos estudiantes; afortunadamente por la gracia de Dios, salí sano y salvo.
Luego fuí a una escuela en Meru donde nuevamente la oportunidad duró poco. El ambiente era peligroso con la violencia postelectoral. Fui testigo del asesinato de personas inocentes, el incendio de casas, el saqueo de propiedades y la destrucción masiva de infraestructura pública, imágenes que nunca podría olvidar fácilmente. Para entristecer aún más la situación, mis familiares estaban en situaciones terribles, pues vivían en casas alquiladas con muy pocos ingresos, lo que me afectó psicológicamente y perjudicaba mis estudios. Estaban realmente sufriendo y me necesitaban mucho. Debido a los desafíos, encontré una escuela en Nairobi (Muhuri Muchiri High School), pero no asistía a la escuela la mayor parte del tiempo, porque tenía que ganar suficiente dinero para cubrir mis gastos personales y además, mantener a los miembros de mi familia siempre que fuera posible.
Luego de los eventos, experiencias y desafíos que se desarrollaron en el punto álgido de la violencia postelectoral de 2007/2008, decidí hacer algo para convencer a los kenianos de abrazar la paz y evitar que se repita la violencia electoral. Casi pierdo la vida en Nakuru, donde corrí en busca de seguridad de camino a Nairobi, y no pude volver a asistir a la escuela en Mogotio debido a la violencia electoral. Sentí en lo profundo de mi corazón que tenía la responsabilidad de ser parte de la solución para garantizar el amor, la unidad y la coexistencia pacífica entre las comunidades, hacia una sociedad keniana armonizada, y abrir las mentes de las personas en las comunidades para que dejen de lado sus diferencias tribales.
En enero de 2011, me convertí en miembro de MasterPeace, una organización internacional de consolidación de la paz. En el mismo año, registré MasterPeace Kenia, un capítulo nacional, con el objetivo de idear actividades rentables de consolidación de la paz para unir a las personas a nivel de base en Kenia.
Tuvo tanto éxito que, atrajo a muchas personas que nos invitaban de vez en cuando, para resolver disputas y llevar la paz a otras partes del país. En septiembre de 2011, alquilamos un espacio en un club y se nos permitió usar su mobiliario y recursos en nuestras actividades de consolidación de la paz. Después de dos años de servicio como voluntario de tiempo completo, renuncié para darle la oportunidad a sangre nueva para ejecutar losprograms y yo mantenerme en un rol de consejero o asesor.
Debido a la ayuda que recibí de los Salesianos de Don Bosco y otros increíbles colaboradores, se me ha permitido compartir apasionadamente el mismo amor que he recibido. Con esto, decidí gastar un porcentaje específico de mi tiempo, pasión y dinero para hacer del mundo un lugar mejor que como lo encontré.
Después de la vida escolar, ofrecí mi tiempo para ser voluntario en Bosco Boys Nairobi. Más tarde pasé varios meses en BCDCC como voluntario de tiempo completo, trabajando con huérfanos y niños vulnerables. Actualmente, soy dueño de mi propia agencia de viajes y ofrezco mi tiempo, pasión y dinero como voluntario en Compassion Heart, una organización sin fines de lucro. Siento que es un logro poder retribuir a la comunidad. Esto cumple con mi pasión y objetivo en la vida.
Mi vida ha estado muy influenciada por las filosofías que me han enseñado los salesianos. Creo que la base del éxito se basa en la pasión, la acción, la persistencia y la paciencia. Con un corazón agradecido, doy mi más sincera gratitud a todos los que han dado forma positiva a mi vida de una forma u otra. Los salesianos han contribuido mucho a lo que soy.
Mi agradecimiento y honor especiales van a Dios Todopoderoso por el regalo de la vida y la oportunidad de ser el beneficiario de Su bondadoso amor.
«Alegría, estudio y piedad: es el mejor programa para hacerte feliz y que más beneficiará tu alma.» Don Bosco
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