LA VERDADERA SABIDURÍA San Benito de Aniano, Munimenta fidei

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LA VERDADERA SABIDURÍA
San Benito de Aniano, Munimenta fidei

Pide incansablemente la sabiduría y tendrás larga vida. La misericordia y la verdad no te abandonarán, pues con la sabiduría te vendrán todos los bienes juntos, es decir, a tu derecha larga vida y a tu izquierda riqueza y gloria. Búscala mediante una lectura asidua, meditando día y noche la ley de Dios, y cuando la hallares serás dichoso, según dice la Escritura: Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor, al que enseñas tu ley. Llama con vigilante constancia y se te abrirán las puertas del cielo. Y como quiera que el Verbo de Dios es a la vez la sabiduría divina, ¿quién es tan necio para preguntar si puede ser justificado sin la sabiduría, con cuya escucha se adquiere la fe, que purifica los corazones? El justo vivirá por su fe y la senda de los honrados brilla como la aurora, se va esclareciendo hasta que es de día.

No te engañe el atractivo falaz de quien te adula, diciéndote que el monje no debe entregarse al estudio de la sabiduría, mientras que leemos que en la Iglesia, después de los apóstoles y sus discípulos, eran los monjes los que más resplandecían por su sabiduría, y sabemos que los monjes de nuestros días no desmerecen de sus antepasados. ¿No fue por ventura el monje Ammonio el inflexible maestro de Orígenes? ¿No fue el monje Jerónimo un investigador de la sabiduría hasta el fin de su vida? Y pasando por alto otros monjes, famosos por su insigne sabiduría y estudiosos de la misma hasta la muerte, ¿no fue el papa Gregorio un monje excelente en la sabiduría y vigilantísimo -según lo pide su nombre- hasta la misma vigilia de su tránsito? Indiscutiblemente todos éstos buscan una vida quieta, para aprender en calma la sabiduría; reducían su propia actividad para encontrarla, ofrecían todos sus bienes con tal de poseerla, de acuerdo con lo que el Espíritu dice de la Sabiduría: Vacad, reconoced que yo soy Dios; pues todo el que se encierra en aquel reposo, dice con la Sabiduría siempre en vela: Yo duermo, pero mi corazón vela.

Por tanto, si quieres que Dios te ame, ama tú la sabiduría, pues ella misma dice: Yo amo a los que me aman, y los que madrugan por mí me encuentran. Busca a Dios, para que seas buscado por Dios; busca continuamente su rostro para ser consolado, y después de haberlo conocido serás reconocido por él, porque si alguno lo ignora, Dios también lo ignora, pero quien lo conoce es por él conocido.

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