Igualdad y Valor: Mujeres en el Cristianismo

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20 de septiembre

San Andrés Kim Taegon y Mártires Coreanos

1 Corintios 15:12-20 Salmos 17:1, 6-8, 15 Lucas 8:1-3

predicando y anunciando la Buena Nueva del
reino de Dios

“Incluso, seríamos falsos testigos de Dios” (1 Corintios 15:15).

Lucas 8:1-3 describe cómo Jesús viajaba por ciudades y aldeas, proclamando las buenas noticias del reino de Dios, acompañado por sus doce discípulos y varias mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y enfermedades. Entre estas mujeres estaban María Magdalena, de quien habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cuzá, administrador de Herodes; y Susana, junto con muchas otras que ayudaban a Jesús con sus propios recursos.

Analizando un poco el texto del evangelio de hoy, diremos algo:

La sociedad en la cual vivió Jesús comúnmente marginaba a las mujeres, y es Él precisamente quien las incluye en el grupo de salvación. Estas mujeres no solo fueron beneficiarias de su poder sanador, sino que también se convirtieron en sus seguidoras y colaboradoras. Esto subraya la igualdad y el valor que Jesús otorgaba a las mujeres, rompiendo con las normas culturales de su tiempo. Para Jesús, la importancia de la mujer en la historia de la salvación es crucial, porque es con la mujer con la que se salva a la humanidad entera; recordemos que Dios quiso nacer de mujer para encarnarse en el mundo y redimirlo. La función de la mujer no está relegada, sino al contrario, está primada en la Iglesia Católica de Cristo.

Existe una interpretación judía sobre por qué las mujeres no deben subir al Altar a realizar el sacrificio: la mujer proviene de la costilla del hombre, lo que significa que ella surge de un ser ya creado y, por lo tanto, se encuentra en un nivel superior. En contraste, el varón es creado del polvo, lo que lo sitúa en un grado inferior. Por esta razón, es necesario que el varón suba al altar para compensar esta carencia de espiritualidad; es decir, la mujer poseé una espiritualidad más elevada que la del varón.

Las mujeres mencionadas habían experimentado una transformación radical en sus vidas gracias a Jesús. María Magdalena, por ejemplo, fue liberada de siete demonios. Esta transformación personal las motivó a seguir a Jesús y a apoyarlo con sus bienes, mostrando una profunda gratitud y compromiso asuminedo el discipulado serio y comprometido.

El hecho de que estas mujeres apoyaran a Jesús con sus recursos destaca la importancia del apoyo material en el ministerio. Su generosidad permitió que Jesús y sus discípulos pudieran concentrarse en su misión de predicar y sanar, sin preocuparse por sus necesidades diarias.

Estas mujeres son un ejemplo de lo que significa ser un verdadero discípulo de Jesús. No solo recibieron sanidad y liberación, sino que también respondieron con servicio y dedicación. Su ejemplo nos invita a reflexionar sobre cómo podemos apoyar y participar activamente en la obra de Dios en nuestras propias vidas.

Este evangelio nos desafía a considerar cómo valoramos y apoyamos a todos los miembros de nuestra comunidad, independientemente de su sexo o pasado. También nos recuerda la importancia de la gratitud y el compromiso en nuestra relación con Dios.

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