27 de septiembre
san Vicente de Paúl
Eclesiastés 3:1-11 Salmos 144:1-4 Lucas 9:18-22
Jesús es el Ungido
“Pero ustedes, les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy Yo?“ (Lucas 9:18)
Jesús estaba orando a solas… porque Él buscaba la continua unidad con el Padre. Jesús oraba para hacer las cosas. Pero algunos ahora nos dicen que no oremos, que eso no sirve para nada. ¡Qué equivocados están! El propio Jesús, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, oraba. Y no solo eso, sino que buscaba un lugar tranquilo y diferente para que su oración fuera más valedera.
Reflexionemos sobre Lucas 9:18-22.:
18 Un día que estaba orando a solas, hallándose con Él sus discípulos, les hizo esta pregunta: “¿Quién dicen las gentes que soy Yo?” 19 Le respondieron diciendo: “Juan el
Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los antiguos profetas ha resucitado”. 20 Díjoles: “Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?” Pedro le respondió y dijo: “El Ungido de Dios”. 21 Y Él les recomendó con energía no decir esto a nadie, 22 agregando: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea reprobado por los ancianos, por los sumos sacerdotes y por los escribas, que sea muerto, y que al tercer día sea resucitado”.
Reflexión
Jesús pregunta a sus discípulos sobre su identidad, primero desde la perspectiva de la gente y luego directamente a ellos. Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, declara que Jesús es el Mesías de Dios. Esta confesión es fundamental para la fe cristiana, ya que reconoce a Jesús como el Salvador prometido.
Jesús les ordena que no divulguen esta verdad. Este “secreto mesiánico” puede parecer extraño, pero Jesús sabía que su misión no sería comprendida completamente hasta después de su muerte y resurrección. La gente esperaba un Mesías político que liberara a Israel del dominio romano, pero Jesús vino a liberar a la humanidad del pecado.
Jesús predice su sufrimiento, rechazo, muerte y resurrección. Este anuncio es crucial porque redefine lo que significa ser el Mesías. No es un camino de gloria terrenal, ni un gran líder político, sino de sacrificio y redención. Jesús prepara a sus discípulos para entender que su reino no es de este mundo y que su victoria vendrá a través de la cruz.
Entonces, debemos preguntarnos sobre quién es verdaderamente Jesús. ¿Es un simple profeta como dicen los musulmanes? ¿O es un judío errado que traicionó a su pueblo y murió al intentarlo? ¿Lo reconocemos como el Mesías, el Hijo de Dios? Tantas preguntas sobre la identidad de Jesús y qué Él mismo nos ha revelado la respuesta: es el Hijo de Dios, el ungido, el Mesías. Y sí realmente es el Mesías, debemos volver a preguntarnos: ¿podemos cambiar lo que Jesús nos enseñó? ¿Podemos cambiar el mensaje y agregar y quitar palabras y conceptos de su evangelio?
Debemos reconocer a Jesús como Mesías y como Segunda Persona de la Santísima Trinidad y no cambiar su revelación, so pretexto de nuevas modas y asuntos humanos.
Además, nos desafía a aceptar el camino de la cruz en nuestras vidas, entendiendo que el verdadero seguimiento de Cristo implica sacrificio y entrega.
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