12 de febrero
Génesis 2:4-9, 15-17 Salmos 104:1-2, 27-30 Marcos 7:14-23
No es lo que comes sino lo que piensas
“Todas estas cosas malas proceden del interior” (Marcos 7:23).
#febrero #lecturadeldia
Marcos en 7:14-23 Jesús aborda el tema de la verdadera naturaleza de la pureza y la impureza moral desde una visión divina, muy por encima de simples tradiciones humanas y va directo al corazón del ser humano. Aquí, Jesús enseña que no son los alimentos o las bebidas lo que contamina al hombre, sino lo que lleva dentro de su corazón y sus pensamientos manifestados en sus palbras y acciones.
Para Jesús lo primero es la interioridad moral. Deja en claro que la pureza no es el simple cumplimiento de normas y leyes sin ninguna consideración razonable. A veces son solo meros rituales que no van hacia ningún lado. Jesús deja en claro que es el corazón, no como el órgano biológico, sino en lo que se refiere al alma misma del ser humano, de lo que tiene en sus pensamientos y en lo más profundo de su espíritu.
El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1776) señala que la conciencia es el «núcleo más secreto y el sagrario del hombre», donde se encuentra con Dios y discierne el bien y el mal. Jesús, al enfocarse en lo que brota del corazón, reorienta la mirada hacia esta dimensión interior, donde se gestan las verdaderas virtudes o pecados.
Es importante entender la enseñanza de Jesús como cumplimiento y perfeccionamiento de la Ley. Al declarar que ningún alimento es impuro en sí mismo, Jesús no solo cuestiona las tradiciones farisaicas, sino que también prepara el camino para la comprensión más plena de la libertad cristiana frente a las prescripciones legales del Antiguo Testamento. Esto se ve claramente en la doctrina católica sobre la Nueva Ley, que es la ley del amor y la gracia, como se expone en el Concilio de Trento y en el Catecismo (n. 1965-1974). Jesús no deroga la Ley, pero sí la lleva a su plenitud al enfatizar que la verdadera obediencia a Dios nace del amor y la pureza interior.
El énfasis en los pecados que «salen del hombre» también conecta con la doctrina católica sobre el pecado original y la necesidad de la gracia. Jesús enumera vicios como la fornicación, el robo, la avaricia y la envidia, mostrando que el mal tiene su raíz en el corazón humano. Esto refleja la enseñanza de la Iglesia sobre la concupiscencia, esa inclinación al pecado que permanece incluso después del bautismo (Catecismo, n. 1264). Sin embargo, la solución no es el esfuerzo humano aislado, sino la gracia divina, que transforma el corazón y permite vivir en santidad.
Y para finalizar, este evangelio es una invitación a un examen de conciencia profundo, algo central en la espiritualidad católica. La lista de pecados que Jesús menciona no es exhaustiva, pero sí representativa de cómo el mal se manifiesta en la vida cotidiana. La Iglesia, a través de los sacramentos, especialmente la Confesión, ofrece un camino para purificar el corazón y recibir la gracia que sana y fortalece. Así, este texto no solo denuncia el mal, sino que indirectamente apunta a la misericordia de Dios, que siempre está disponible para quien busca la conversión.
- Memoria de Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia
- IV Domingo de Pascua
- El Milagro de la Dolorosa: Historia y Significado en Ecuador
- (sin título)
- Fiesta de la Divina Misericordia
- Jueves de Pascua
- Memoria de Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia
- IV Domingo de Pascua
- El Milagro de la Dolorosa: Historia y Significado en Ecuador
- (sin título)
- Fiesta de la Divina Misericordia
- Jueves de Pascua
