La Llamada de Leví: La Misericordia de Cristo

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8 de marzo

san Juan de Dios

Isaías 58:9-14 Salmos 86:1-6 Lucas 5:27-32

No Necesitan Médico los Sanos

“…te llamarán ‘Reparador de brechas’, ‘Restaurador de moradas en ruinas’” (Isaías 58:12).

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El evangelio de hoy que nos trae Lucas 5:27-32, narra la llamada de Leví (Mateo), el publicano, y la posterior comida con pecadores, así como la respuesta de Jesús a los fariseos que lo cuestionan.

En este pasaje, encontramos a Jesús caminando y posando su mirada sobre Leví, un recaudador de impuestos, una figura despreciada en la sociedad judía de la época por su asociación con la opresión romana y su fama de corrupción. Con una simple pero poderosa frase, “Sígueme”, Jesús lo invita a dejar atrás su vida anterior. Leví, sin dudarlo, se levanta, abandona su puesto y sigue al Maestro. Este gesto inicial nos habla del poder transformador de la gracia divina, un tema central en la doctrina católica. La Iglesia enseña que la llamada de Dios es un acto de misericordia que no depende de los méritos humanos, sino de su amor gratuito. Leví no era un hombre santo ni un modelo de virtud según los estándares de su tiempo, y aun así, Cristo lo eligió, mostrando que nadie está fuera del alcance de la redención.

Luego, el pasaje nos lleva a la escena de la comida en casa de Leví, donde Jesús se sienta a la mesa con publicanos y pecadores. Este acto escandaliza a los fariseos y escribas, quienes, desde su rigidez legalista, no comprenden cómo un maestro religioso puede asociarse con aquellos considerados impuros o indignos. La respuesta de Jesús, “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a la conversión”, encapsula el corazón del Evangelio y resuena profundamente con la enseñanza católica sobre la misión salvífica de Cristo. La Iglesia ve en estas palabras una declaración de la universalidad de la salvación: Jesús no vino a confirmar a los que se creen perfectos, sino a sanar a los que reconocen su fragilidad y necesidad de Dios. Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 545), “Jesús invita a los pecadores al banquete del Reino”, mostrando que su misericordia es el puente que une al hombre con Dios.

Desde la doctrina católica, este pasaje también subraya la importancia del arrepentimiento y la conversión. Leví no solo escucha la llamada, sino que responde con un cambio radical: deja su oficio y organiza un banquete para Jesús, un signo de su nueva vida. Esto refleja la enseñanza de que la fe verdadera implica una transformación interior y exterior, un abandono del pecado y una entrega a la voluntad divina. Asimismo, la imagen de Jesús como “médico” —“No necesitan médico los sanos, sino los enfermos”— evoca la idea de la Iglesia como hospital de almas, donde los sacramentos, especialmente la Confesión, son instrumentos de sanación para los pecadores.

Finalmente, este texto desafía a los creyentes a imitar la actitud de Cristo. Los fariseos representan aquí la tentación de juzgar y excluir, mientras que Jesús encarna la acogida y la compasión. La doctrina católica nos llama a no caer en el fariseísmo espiritual, sino a reconocer nuestra propia condición de pecadores necesitados de gracia y a acercarnos con humildad y caridad a quienes están alejados de Dios. Lucas 5:27-32 es, en esencia, una invitación a confiar en la misericordia divina y a ser testigos de ella en el mundo.

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