23 de marzo
3er domingo de Cuaresma
Éxodo 3:1-8, 13-15 1 Corintios 10:1-6, 10-12 Salmos 103:1-4, 6-8, 11 Lucas 13:1-9
Dios nos Llama a la Verdad
«¡Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro! Córtala» (Lucas 13:7).
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El evangelio de hoy de Lucas 13:1-9 nos presenta dos momentos que invitan a la reflexión profunda desde la fe católica: la llamada a la conversión ante las tragedias y la parábola de la higuera estéril, que resalta la paciencia y la misericordia de Dios.
En los versículos iniciales (1-5), Jesús responde a quienes le informan sobre los galileos asesinados por Pilato y los que murieron bajo la torre de Siloé. Algunos podrían haber interpretado estas desgracias como castigos divinos por pecados específicos. Sin embargo, Jesús rechaza esa lógica simplista. Nos enseña que no debemos juzgar la suerte de los demás como un reflejo directo de su culpabilidad, pues «todos han pecado y están privados de la gloria de Dios» (Romanos 3:23). Más bien, usa estos eventos para urgirnos a la conversión personal: «Si no se convierten, todos perecerán de manera semejante». Esto resuena con la enseñanza de que el sufrimiento y la muerte son consecuencias del pecado original, pero también oportunidades para volver a Dios, quien «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Timoteo 2:4). Es un llamado a examinar nuestra propia vida, a arrepentirnos y a vivir en gracia, sin demora.
Luego, en la parábola de la higuera estéril (6-9), vemos el corazón misericordioso de Dios. El dueño del viñedo, que representa la justicia divina, espera frutos y, al no hallarlos, ordena cortar el árbol. Pero el viñador, figura de Cristo, intercede: «Déjala todavía este año… a ver si da fruto». Esta imagen refleja el amor paciente de Dios, que no se apresura a condenar, sino que ofrece tiempo y cuidado —la gracia— para que demos fruto de buenas obras. La Iglesia Católica subraya esta paciencia divina en su enseñanza sobre la misericordia: Dios no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ezequiel 33:11). Sin embargo, el texto también implica una advertencia: el tiempo de gracia no es infinito, y debemos responder con un corazón contrito y una vida transformada.
En síntesis, Lucas 13:1-9 nos confronta con nuestra fragilidad y nos invita a la conversión urgente, mientras nos consuela con la certeza de que Dios, en su infinita misericordia, nos da oportunidades para crecer en santidad. Es un eco del Catecismo (CCC 1036-1037): debemos vivir vigilantes, sabiendo que el Señor nos llama a rendir cuentas, pero siempre confiando en su amor que espera nuestro «sí».
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