La Enseñanza de Santo Tomás: La Primacía de la Contemplación

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July 20, 2025

Génesis 18, 1-10a Salmo 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5 Colosenses 1, 24-28 Lucas 10, 38-42

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El pasaje evangélico de Lucas 10, 38-42, que narra el episodio de Jesús en casa de Marta y María, ofrece una profunda enseñanza sobre la vida espiritual, la cual podemos iluminar desde la doctrina católica y las reflexiones de Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, cuya sabiduría nos guía para comprender la primacía de la contemplación y la unión con Dios.

En este relato, Jesús es recibido en la casa de Marta, quien se afana en los quehaceres domésticos, mientras María, su hermana, se sienta a los pies del Señor para escuchar su palabra. Marta, agobiada, pide a Jesús que reprenda a María por no ayudarla, pero Él responde: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas, pero una sola es necesaria. María ha elegido la mejor parte, y no le será quitada» (Lc 10, 41-42). Este pasaje nos invita a reflexionar sobre la relación entre la vida activa y la vida contemplativa, un tema que Santo Tomás aborda con gran profundidad en su Summa Theologica.

La primacía de la contemplación según Santo Tomás

Santo Tomás de Aquino, en su análisis de la vida activa y contemplativa (ST II-II, q. 179-182), enseña que la vida contemplativa, centrada en la unión con Dios a través de la oración y la meditación de las verdades divinas, es superior a la vida activa, que se ocupa de las obras externas, incluso las de caridad. Esto no significa que la vida activa carezca de valor, sino que la contemplación tiene preeminencia porque nos ordena directamente al fin último del ser humano: la unión con Dios, que es la fuente de toda felicidad. En palabras de Santo Tomás, «la vida contemplativa consiste principalmente en el conocimiento y amor de Dios» (ST II-II, q. 180, a. 1), y por ello es la que más nos asemeja a la vida divina.

En el episodio de Marta y María, María representa la vida contemplativa, sentada a los pies de Cristo, absorta en su palabra, que es el Verbo mismo de Dios. Marta, por su parte, simboliza la vida activa, necesaria y buena, pero subordinada a la contemplación. Jesús no reprende el servicio de Marta, pues las obras de hospitalidad son expresión de la caridad, virtud teologal que Santo Tomás exalta (ST II-II, q. 23). Sin embargo, al decir que «una sola cosa es necesaria», Jesús señala que la escucha de la Palabra de Dios y la unión con Él son el fundamento de toda vida cristiana. Como enseña Santo Tomás, «la vida contemplativa es más excelente porque se ocupa directamente de la unión con Dios, mientras que la vida activa se ordena a ella» (ST II-II, q. 182, a. 1).

La doctrina católica y el equilibrio entre acción y contemplación

La doctrina católica, enraizada en las Escrituras y la Tradición, subraya que la vida cristiana debe integrar acción y contemplación, pero siempre dando primacía a la unión con Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que «la oración es la vida del corazón nuevo» (CIC 2697), y que sin una relación viva con Cristo, nuestras obras, por más generosas que sean, pierden su sentido sobrenatural. Marta, en su afán, representa la tentación de reducir la vida cristiana a un activismo que olvida la fuente de su fuerza: la gracia divina. María, en cambio, nos enseña que estar con Jesús, escuchar su voz y contemplarlo es la «mejor parte», porque nos configura con Él.

Santo Tomás, siguiendo a San Agustín, explica que la vida contemplativa no es solo para los monjes o religiosos, sino que todos los cristianos están llamados a ella en la medida de su estado de vida. En su comentario sobre este pasaje, Tomás señala que María eligió la «mejor parte» porque su acción estaba ordenada al amor de Dios sobre todas las cosas, que es el primer mandamiento (Mt 22, 37-38). Esto no implica despreciar el servicio de Marta, pues, como dice Santo Tomás, «las obras de la vida activa que proceden de la plenitud de la contemplación, como la enseñanza y la predicación, son preferibles a la sola contemplación» (ST II-II, q. 182, a. 2). Así, la vida activa, cuando está impregnada de contemplación, se convierte en un reflejo del amor divino.

Reflexión para nuestra vida

El pasaje de Lucas 10, 38-42 nos interpela hoy en un mundo donde el activismo y las distracciones amenazan con apartarnos de lo esencial. Marta nos recuerda la importancia de servir a los demás, pero también el riesgo de perdernos en las «muchas cosas» que nos agobian, olvidando que «una sola es necesaria». María nos invita a priorizar el encuentro personal con Cristo en la oración, la Eucaristía y la meditación de la Palabra, que nos renueva y da sentido a nuestras acciones.

Santo Tomás nos enseña que la contemplación no es un lujo, sino una necesidad para el alma. En un mundo acelerado, debemos preguntarnos: ¿dedicamos tiempo a sentarnos a los pies de Jesús, como María? ¿O nos dejamos consumir por las preocupaciones, como Marta? La vida cristiana, según la doctrina católica, no es una oposición entre acción y contemplación, sino una armonía donde la contemplación ilumina y sostiene la acción. Como dice el Papa Francisco, «sin momentos de adoración, de oración contemplativa, de diálogo corazón a corazón con Jesús, nuestra vida cristiana se empobrece» (Audiencia General, 7 de abril de 2021).

Conclusión

El relato de Marta y María, iluminado por la sabiduría de Santo Tomás de Aquino y la doctrina católica, nos invita a ordenar nuestra vida hacia Dios, fuente de todo bien. María nos muestra que escuchar a Cristo es la «mejor parte», porque nos une a Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Marta nos recuerda que el servicio es un fruto del amor, pero debe nacer de un corazón contemplativo. Que, siguiendo su ejemplo, sepamos equilibrar acción y contemplación, para que todo lo que hagamos glorifique a Dios y nos acerque a la felicidad eterna, que es contemplar su rostro para siempre.

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