Natuzza Evolo (1924–2009) fue una de las figuras místicas católicas más conocidas de la Italia del siglo XX. Su vida estuvo marcada por fenómenos extraordinarios, una profunda vida de oración y un intenso servicio a los pobres y enfermos
Natuzza Evolo: la humilde mujer de Calabria marcada por el misterio
En un pequeño pueblo de Calabria, al sur de Italia, vivió una mujer cuya existencia estuvo rodeada de fenómenos que, todavía hoy, despiertan asombro y debate. Se llamaba Fortunata Evolo, aunque todos la conocían cariñosamente como Natuzza.
Nació en Paravati, el 23 de agosto de 1924, en el seno de una familia muy pobre. Su padre emigró a Argentina poco antes de su nacimiento y nunca regresó. Natuzza creció ayudando a su madre y a sus hermanos, y no tuvo la oportunidad de asistir a la escuela. Permaneció analfabeta durante toda su vida. (Treccani)
Sin embargo, desde muy joven comenzó a experimentar fenómenos extraordinarios. Decía tener visiones de Jesús, la Virgen María, santos, ángeles y personas fallecidas. También se le atribuyeron experiencias de bilocación y otros fenómenos místicos. Con el paso de los años, miles de personas comenzaron a acudir a su casa buscando una palabra de consuelo, una oración o simplemente alguien que escuchara sus sufrimientos. (Treccani)
Pero uno de los fenómenos más sorprendentes relacionados con Natuzza fueron sus estigmas.
Una cruz de sangre
El 29 de junio de 1940, cuando Natuzza tenía apenas 15 años, recibió el sacramento de la Confirmación en la iglesia de Paravati. Según los testimonios conservados, durante aquella celebración comenzó a sentirse mal. Poco después apareció sobre su ropa una gran cruz formada por sangre.
El hecho causó una enorme impresión entre quienes estaban presentes. El obispo solicitó que el caso fuera examinado médicamente. Un informe de la época describió la aparición de erupciones sanguinolentas en forma de cruz y señaló que los médicos no encontraban una explicación evidente para aquello.
A partir de entonces, los fenómenos se hicieron más frecuentes, especialmente durante la Cuaresma y la Semana Santa. Según numerosos testimonios, aparecían heridas semejantes a las de la Pasión de Cristo y Natuzza experimentaba intensos sufrimientos físicos.
Pero había algo todavía más extraño.
La sangre que formaba imágenes
En ocasiones, la sangre que aparecía en su cuerpo entraba en contacto con pañuelos o telas y, según los testimonios, dejaba imágenes y palabras de carácter religioso.
Se describieron cruces, coronas de espinas, corazones, rosarios, cálices, hostias y otras representaciones. También se atribuyeron a las telas palabras y frases en diferentes idiomas. El fenómeno recibió el nombre de hemografía.
La circunstancia que más llamaba la atención era que Natuzza no sabía leer ni escribir. Por eso, para quienes la conocieron, aquellas manifestaciones constituían uno de los aspectos más difíciles de explicar de su experiencia.
Naturalmente, no todos aceptaron una interpretación sobrenatural. Algunos investigadores propusieron explicaciones psicológicas, neurológicas o dermatológicas para determinados fenómenos relacionados con los estigmas. El caso de Natuzza fue estudiado desde perspectivas muy diferentes y la controversia nunca desapareció.
Más allá de los fenómenos
Sin embargo, quienes la conocieron insistían en que Natuzza no quería que la atención se concentrara únicamente en lo extraordinario.
Su vida estuvo marcada por la oración, la familia, el sufrimiento y la caridad. Durante décadas recibió a personas que llegaban desesperadas, especialmente enfermos y familiares que habían perdido a seres queridos.
Uno de los temas que más aparecía en sus conversaciones era la necesidad de rezar por los difuntos. Natuzza hablaba de las almas y del purgatorio desde una profunda preocupación espiritual, invitando a las personas a orar y ofrecer sacrificios por ellas.
Su mensaje, en ese sentido, era mucho más sencillo que los fenómenos que rodeaban su vida: volver a Dios, rezar, amar y ayudar al que sufre.
Natuzza murió el 1 de noviembre de 2009, a los 85 años. Miles de personas acudieron a Paravati para despedirla. La causa de beatificación fue abierta posteriormente en la diócesis de Mileto, y por ello actualmente debe hablarse de ella como Sierva de Dios, no como santa canonizada.
Tal vez esa sea la parte más interesante de su historia. En una época fascinada por lo extraordinario, Natuzza parecía recordar algo mucho más sencillo: el verdadero misterio no está solamente en los fenómenos, sino en lo que una persona hace con el sufrimiento que recibe.
Y en su caso, aquel sufrimiento se convirtió, según quienes la conocieron, en oración por los demás.
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