El hombre que volvió a respirar
En una pequeña iglesia dedicada a San Francisco de Asís, una familia oraba intensamente por un hombre que agonizaba. Mientras tanto en el hospital, los médicos habían advertido que su estado era irreversible y que quedaban pocas esperanzas.
Su esposa, desesperada, tomó entre sus manos una pequeña imagen de San Francisco que llevaba años guardando y comenzó a rezar.
No pidió riqueza ni una vida sin dificultades. Solamente dijo:
—San Francisco, si es voluntad de Dios que todavía permanezca con nosotros, pídele que le conceda otra oportunidad.
Aquella noche ocurrió algo inesperado.
Mientras la familia esperaba lo peor, el monitor médico comenzó a mostrar cambios. El hombre, que prácticamente no respondía, recuperó lentamente algunos signos vitales. Los médicos acudieron rápidamente y lograron estabilizarlo.
Pero lo más extraño sucedió después.
Cuando recuperó la conciencia, todavía débil y confundido, preguntó:
—¿Por qué estaba San Francisco aquí?
Su esposa quedó inmóvil.
—¿Qué dices?
El hombre respondió que, durante el tiempo en que no podía abrir los ojos, había visto a un fraile vestido de manera sencilla acercarse a su cama. No podía explicar cómo lo sabía, pero estaba convencido de que era San Francisco de Asís.
Según lo contó, el fraile no le dijo muchas palabras. Simplemente colocó una mano sobre él y le dijo:
—Todavía no.
Después, todo quedó oscuro y el hombre sobrevivió.
Los médicos explicaron la recuperación desde el punto de vista clínico, pero para aquella familia quedó una pregunta que nunca pudieron responder completamente: ¿por qué, precisamente aquella noche, la familia rezaba en un templo dedicado a san Francisco y su esposa había invocado al mismo San Francisco y el enfermo afirmó haber visto a un fraile franciscano?
Para ellos, la respuesta fue sencilla.
No consideraron que San Francisco hubiera actuado por su propio poder. Lo entendieron como aquello que la Iglesia enseña: los santos interceden ante Dios; es Dios quien concede el milagro.
Y desde entonces, cada año, aquella familia regresaba a la iglesia para agradecer no solamente por la vida recuperada, sino por una certeza que habían aprendido en aquella noche y en la habitación del hospital:
Es que la respuesta del cielo no llega como esperamos. Porque cuando Dios responde lo hace a su propia manera
- Un Milagro de Santa Faustina

- Un milagro moderno de San Francisco de Asís

- La Reparación de los Primeros Sábados

- El Angel de la Guarda lo cuidaba

- Los Angeles entre Nosotros

- Santa Teresa del Niño Jesús: el camino de la infancia espiritual

