«Estad preparados»: la venida de Cristo y la vigilancia del corazón

«Estad preparados»: la venida de Cristo y la vigilancia del corazón


Una reflexión sobre Lucas 12, 40 a la luz del pensamiento del cardenal Newman



El cardenal John Henry Newman, una de las grandes figuras intelectuales y espirituales del catolicismo, reflexiona sobre una verdad fundamental de la fe cristiana: Jesucristo volverá, y su venida exige del creyente una actitud permanente de vigilancia. En el texto que comentamos, Newman advierte que el mundo puede burlarse de quienes esperan el cumplimiento de las promesas divinas, pero esa burla no elimina la verdad de lo que Cristo ha anunciado.

El pasaje evangélico que ilumina esta reflexión se encuentra en san Lucas: «Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre» (Lc 12, 40).

Estas palabras forman parte de una enseñanza de Jesús dirigida a sus discípulos. El Señor los exhorta a vivir como servidores que esperan el regreso de su amo, sin abandonar sus obligaciones ni dejarse vencer por la negligencia. La espera cristiana no consiste en una curiosidad acerca del futuro, sino en una forma de vivir el presente bajo la mirada de Dios.

Newman señala que los hombres pueden interpretar equivocadamente las promesas de Cristo. Algunos esperan acontecimientos extraordinarios en el cielo; otros consideran ingenua cualquier referencia a la venida del Señor. Sin embargo, el problema más profundo no está en la falta de signos espectaculares, sino en la falta de discernimiento espiritual. El ser humano puede acumular conocimientos sobre el mundo y, al mismo tiempo, olvidar las verdades esenciales sobre su destino eterno.

La advertencia de Jesús no invita a calcular fechas ni a buscar señales sensacionales. Nos llama, ante todo, a la conversión. Cristo viene al encuentro del hombre en la hora de su muerte, y la Iglesia espera también su gloriosa venida al final de los tiempos. Por eso, cada jornada adquiere un significado eterno: nuestras decisiones, nuestros deberes, nuestras obras de caridad y nuestra fidelidad a la gracia preparan el corazón para encontrarnos con Él.

San Pedro expresa una idea semejante cuando recuerda que algunos preguntarán con ironía dónde está la promesa de la venida del Señor (2 Pe 3, 3-4). El apóstol responde que la aparente demora divina no significa olvido, sino que Dios concede tiempo para la conversión.

La verdadera sabiduría cristiana consiste, por tanto, en vivir preparados sin caer en el miedo. El cristiano no espera a Cristo como quien teme una amenaza desconocida, sino como quien aguarda al Señor de su vida, al Juez justo y al Salvador misericordioso.

Estar preparados significa vivir hoy como quisiéramos encontrarnos con Cristo en el último día. No sabemos cuándo llegará nuestra hora, pero sí sabemos cómo debemos vivir mientras la esperamos: en la fe, la esperanza, la caridad y la fidelidad al Evangelio.

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