Otra de las historias sorprendentes que suelen contarme, y que estoy con permiso para publicar, es el de un equipo de profesionales de medicina veterinaria.
Es impresionante, lo que la gente común y corriente experimenta; fenómenos sorprendentes, que la verdad, a veces se duda de que el testigo esté diciendo la verdad; pero en esta ocasión confío en los testigos.
Era un día como cualquier otro, y el equipo había quedado en ir a una hacienda cercana para tratar al ganado. Iban preparados un poco más de los que la rutina exigía, porque el dueño de la finca les había dicho que las vacas estaban como alteradas. Esto, evidentemente había hecho que la producción de leche haya disminuido en una cantidad considerable.
Una vez en el lugar, y listos para iniciar la evaluación del ganado, de pronto empezó a llover, y muy fuerte. Entonces, el equipo decidió esperar un poco hasta que disminuya. El momento en que se sentaron a beber un café, la lluvia cesó. Muy acomodados ya, terminaron el café y se pusieron en marcha. Automáticamente, la lluvia empezó otra vez. Según uno de los integrantes del equipo, cayó hasta granizo.
El propietario y el equipo se sorprendieron, pero dijeron que así es en las montañas de los Andes, un rato llueve y en el otro no. Al tener aún tiempo, decidieron por un nuevo café, y mientras tanto revisaban los equipos para que todo esté listo. Una vez sentados la lluvia dio paso a un sol muy potente. Ahora sí ya estaban preocupados. Sin embargo el líder del equipo los instó a partir hacia el campo a hacer los diagnósticos, y en el preciso momento en que se disponían a salir, empezó otra vez el aguacero. Ahora sí, los rostros mostraron asombro y mucha preocupación; eso ya no era normal. El mismo jefe del equipo se puso muy nervioso, y tajante dijo que ese día no se van a realizar los diagnósticos, y que inmediatamente recojan los equipos, que los lleven a los vehículos y que regresarían a casa ese mismo instante.

En este momento llega lo más sorprendente. Al momento mismo de la orden regresa un sol potente, y se escucharon hasta cantos de pájaros. Estupefactos, todos, se quedaron inmóviles por un momento; no tenían capacidad de reacción. Cuando lograron reponerse, el dueño de la hacienda les ofreció agua, y a quien gustare una copa de aguardiente casero. Todos lo bebieron ansiosamente, incluido el dueño. Una vez listos iniciaron su retorno a la ciudad, ésta vez salieron de la casa sin que iniciara nuevamente la lluvia.
Mientras iban por la carretera de regreso, vieron algo más. A lo lejos, sobre el interior de la hacienda, entre las montañas, lograron ver el reflejo de una luz sobre un fondo color rojo y plata, se movió muy rápido y desapareció como un destello hacia el espacio…
Algunas semanas después, regresaron a la hacienda, y era como haber llegado a otro lugar. Cuando le preguntaron al dueño de la hacienda, si es que estas cosa sucedían frecuentemente, él respondió, que esa fue la única vez, y que desde ese día las vacas han mejorado, y además, la producción de leche se ha duplicado sobre normal.

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mi hizo acordar una historia increíble que pasó hace años en mi infancia: mis padres tenían un jardín frutal grande con arboles de manzanos y cerezos y un montón de arbustos frutales. Había un manzano muy viejo que ya dos años seguidos no daba las frutas. cubriendo los arboles antes del invierno, mi padre dijo refiriendo a este manzano: este árbol ya no sirve, en la primavera lo voy a cortar para plantar otro. Pasaron 5 meses de invierno y los fines de abril, antes que florezca algún otro árbol, éste viejito se cubrió por hermosas flores que luego se convertieron en pequeñas manzanas. por su puesto, lo dejaron vivir por muchos años más. y nunca dejo de dar frutas. me inclino pensar en una coincidencia, pero muy linda y romántica.
Hermosa historia. Guarda un mensaje de esperanza. Gracias Alona por contarnosla.
🙂