Había una vez un monje, que vivía en soledad completa, muy lejos en el desierto; pero de vez en cuando viajaba a la ciudad y veía la herejía y la maldad. El monje sufría mucho por ésto, y cuando regresaba a su ermita en la soledad, le rogaba a Dios en sus oraciones, que le revelara si su fe era la correcta.
Un día ya no pudo más y fue en busca de un asceta más antiguo, que vivía cerca en una ermita en el mismo desierto. Este viejo monje le enseñó muchas cosas, le explicó muchos detalles de la vida eremítica y le mostró muchos aspectos de Dios que él había olvidado.
Regresó a su lugar muy calmado, sin embargo meditaba muy profundamente, por qué Dios no le reveló todas esas cosas, si él tanto le pedía, entonces, recibió una revelación de que donde se puede obtener ayuda de la gente, no se deben esperar milagros de Dios.

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¿Dónde están esos viejos ascetas ahora?