SAN CLETO fue el tercer obispo de Roma y sucedió a San Lino, circunstancia que por sí sola muestra su eminente virtud entre los primeros discípulos de San Pedro en Occidente. Estuvo doce años, del 76 al 89. El canon de la misa romana, Beda y otros martirologios, lo consideran un mártir. Fue enterrado cerca de San Lino, en el Vaticano, y sus reliquias aún permanecen en esa iglesia.
San Marcelino sucedió a San Cayo en el obispado de Roma en 296, aproximadamente cuando Diocleciano se erigió en una deidad y reclamó impíamente los honores divinos. En esos tormentosos tiempos de persecución, Marcelino adquirió gran gloria. Se sentó en la silla de San Pedro ocho años, tres meses y veinticinco días, muriendo en 304, un año después de que estallara la cruel persecución, en la que ganó mucho honor. Ha sido nombrado mártir, aunque su sangre no fue derramada por la causa de la religión.
Es una máxima fundamental de la moral cristiana, y una verdad que Cristo ha establecido en los términos más claros y en innumerables pasajes del Evangelio, que la cruz y/o los sufrimientos y la mortificación son el camino hacia la dicha eterna. Por lo tanto, quienes no llevan una vida crucificada y mortificada aquí no son dignos de poseer las indescriptibles alegrías de su reino. Nuestro Señor mismo, nuestro modelo y nuestra cabeza, caminaron en este camino, y Su gran Apóstol nos recuerda que Él entró en la dicha solo por Su sangre y por la cruz.
San Sotero, Papa y Mártir
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