Abusando de los pobres, supuestamente, para proteger sus intereses especiales, los abortistas afirman que cortar el financiamiento del aborto por parte de los contribuyentes, aumentaría la mortalidad entre las mujeres de bajos ingresos, ya que ellas, no pueden pagar los servicios profesionales de un aborto.
Este sentimiento de compasión por la madre pobre, sorprende aún más, porque proviene de aquellos que favorecen el asesinato en masa de millones de seres humanos. ¡Pretenden proteger a la madre sumida en la pobreza aprovechando la muerte de sus hijos!
Si los niños no nacidos son seres humanos vivos como su madre, ¿en nombre de qué principio se puede matar a uno para, supuestamente, proteger al otro?
Si los fetos fueran sólo cosas simples, hasta el punto de que se consideran desechables, ¿cómo pueden los abortistas pretender sentir tanta pena por la muerte de las mujeres pobres, ya que ellas también estarían llevando vidas pobres y sin sentido?
Aquellos que se presentan tan compasivos con los pobres, que defienden la idea de que la vida debe ser digna para todos, son los mismos que promueven el exterminio masivo de los no nacidos. ¿Qué derecho tienen, de pretender salvar a alguien de una existencia sin sentido? ¿Qué derecho tienen de quitar la vida de los hijos de los pobres?
«¡La humanidad del homicidio es cualquier cosa menos una humanidad humana, de la misma manera que una madre que pide un aborto es cualquier cosa menos una madre!»(36)
Por lo tanto, el dinero público debe favorecer la vida, nunca la muerte; a los económicamente desfavorecidos y nunca a los «humanicidas».
Con el Papa, San Juan Pablo II, decimos:Contra el pesimismo y el egoísmo que arrojan una sombra sobre el mundo, la Iglesia representa la vida: en cada vida humana ve el esplendor de ese «sí», ese «amén», que es Cristo. Él mismo. Al «no» que asalta y aflige al mundo, ella responde con este «sí» vivo, defendiendo así a la persona humana y al mundo de todos los que conspiran y dañan la vida.(37)

Notas: 36. Viladrich, Pedro-Juan. Aborto e Sociedade Permissiva. Sao Paulo. 1987 37. Juan Pablo II. «The Apostolic Exhortation on the Family» 1981
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