Angelo Roncalli (futuro Juan XXIII) sobre el Infierno

7 El pensamiento del infierno me aterra; no, no lo puedo resistir. Me parece casi imposible, no soy capaz de imaginarme a mi Dios tan airado contra mí que me aleje de sí, después de haberme amado tanto. Sin embargo, es una verdad certísima. Si no lucho contra mi orgullo, mi soberbia, mi amor propio, me espera el infierno, infeliz de mí. ¿Será entonces verdad, Jesús amadísimo, que ya no pueda amaros? ¿No ver ya vuestro rostro? ¿Que me vea arrojado lejos de ti? Esperemos que esto no suceda; pero podría suceder, por tanto debo vivir siempre con temor y temblor, y trabajar así por mi salvación. Trabajad por vuestra salvación con profundo acatamiento (Flp 2,12). Y, entre tanto, no estará fuera de propósito traerme a la memoria siempre el infierno, o con la vista de objetos externos o con modificaciones. ¿Veo el fuego? Pues este, comparado con el fuego del infierno, no es más que una pintura. ¿Tengo dolor de muelas, me abraso de sed, tirito de frío, me atormenta la fiebre? Mortifiquémonos: el infierno es el lugar de todos los tormentos; en el infierno se cocerá a los condenados, se los quemará como el carbón en el horno; en el infierno habrá llanto y crujir de dientes (Mt 8,12). En el infierno no se podrá mover un dedo; y ¿por qué no podré rezar una oración que sé, el rosario, vísperas, sin inmutarme? En el infierno habrá gritos agudísimos que aturdirán; y ¿por qué no soportaré un rumor que me molesta? En el infierno se padecerá un hambre canina, y ¿por qué no sabré abstenerme de algún bocado más exquisito? En el infierno habrá que aguantar la compañía de los condenados y los demonios; y ¿por qué no sufriré con calma la presencia de los que no me son simpáticos? ¿No he merecido mil veces el infierno? ¿Y no podré merecerlo de nuevo?

Mi dulcísimo Jesús, escucha mi súplica. Envíame, te lo ruego, toda clase de enfermedades en esta vida; clávame para siempre al lecho; redúceme al estado del leproso en la selva; carga aquí mi cuerpo con todos los dolores más torturantes, todo lo aceptaré en penitencia de mis pecados, y te estaré agradecidísimo; pero, por caridad, no me mandes al infierno, no me prives de tu amor, de poder contemplarte por toda la eternidad. Sí, Jesús, te lo digo de corazón. *

*Tomado de Diario del Alma. San Juan XXIII. Ediciones San Pablo.

abril Adviento Agosto Arte Aviones Católica ciencia Corazon de Jesús cuaresma dailyprompt Diciembre enero Enigmas fantasmas febrero Gatos Historia Illinois izack4x4 Julio lecturadeldia leyendas Marzo mayo Meditación misterio mitos Navidad noviembre octubre Opinion ordinario Pascua Personajes Religion SaintCharles Salmos Salud Santoral Santos Segunda Guerra Septiembre Teología USA Virgen María

Deja un comentario