Salmo 27 (28)

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Salmo 27 (28)

Oración escuchada

1∗De David.
A Ti, Yahvé, clamo, roca mía,
no te muestres sordo conmigo;
no sea que si Tú me desoyes
me asemeje yo a los que bajan al sepulcro.
2∗
Escucha la voz de mi súplica
cuando clamo a Ti,
mientras levanto mis manos
hacia el interior de tu Santuario.
3∗
No me quites de en medio con los impíos
y los obradores de iniquidad,
que hablan paz a su prójimo
y maquinan el mal en su corazón.
4∗
Retribúyeles conforme a sus obras
y a la malicia de sus maquinaciones;
págales según su conducta,
dales su merecido.
5∗
Porque no paran mientes
en los hechos de Yahvé,
ni en las obras de sus manos.
¡Destrúyalos Él y no los restablezca!
6∗
Bendito sea Yahvé,
porque oyó la voz de mi súplica.
7Yahvé es mi fortaleza y mi escudo;
en Él confió mi corazón y fui socorrido.
Por eso mi corazón salta de gozo
y lo alabo con mi cántico.
8∗
Yahvé es la fuerza de su pueblo,
y el alcázar de salvación para su ungido.
9∗
Salva a tu pueblo
y bendice a tu heredad;
apaciéntalos y condúcelos para siempre.

∗ 1. Súplica semejante a la del Salmo anterior, pronto se transforma en jubilosa gratitud al ver que ha sido escuchada (versículo 6 ss.). Sordo: otros vierten: mudo.

∗ 2. El interior de tu santuario: En hebreo “debir”, o sea el Santo de los Santos, la parte más sagrada del Tabernáculo y luego del Templo (III Reyes 6, 18 ss.; 8, 6). Sobre esta forma de orar hacia Jerusalén, cf. III Reyes 8, 22 y 30; Daniel 6, 10.

∗ 3. Siempre el horror a la doblez e hipocresía, que finge lo que no siente (Lucas 12, 1), y quiere acomodar a Dios con el mundo (Mateo 23. 1 ss.).

∗ 4. No es imprecación, sino apelación a la Justicia divina. San Agustín ve cumplida la palabra del santo Profeta en la destrucción de Jerusalén por los romanos. Y San Jerónimo añade: para que entiendan por los siniestros lo que no entendieron por los beneficios.

∗ 5. Es la ignorancia culpable de los que cierran los ojos para no ver. Jesús la enrostra muchas veces a los fariseos (cf. Juan 12, 37-41), y San Pablo también a los paganos que no saben ver en la naturaleza las obras de Dios (Romanos 1, 20 s.).

∗ 6 ss. Esta segunda parte del Salmo nos muestra cuan presto ha escuchado el Señor la oración de su amigo. “Por eso… lo alabo”: La acción de gracias se traduce siempre en alabanza (cf. Lucas 1, 46 ss.).

∗ 8. El ungido es el rey David; en sentido típico, Cristo

∗ 9. Tu heredad: Tu pueblo. Israel se llamaba herencia del Señor por ser el pueblo escogido y objeto de las bendiciones divinas (cf. Deuteronomio 4, 20). Apaciéntalos: Vulgata: gobiérnalos (cf. Hechos 20, 28 y nota). Este pasaje, inscrito en el frente de la Catedral de Buenos Aires, se reza en el “Te Deum”, himno compuesto a base de diversos textos bíblicos según la Vulgata.

Tomado de la Biblia de Straubinger

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