
Cuando Abraham Lincoln salió de Springfield el 11 de febrero de 1861, se despidió de sus amigos desde la parte trasera del tren inaugural en el Great Western Depot. Las siguientes son las palabras que pronunció esa mañana gris.

Mis amigos –
Nadie, que no esté en mi situación, puede apreciar mi sentimiento de tristeza por esta despedida. A este lugar, y a la amabilidad de esta gente, le debo todo. Aquí he vivido un cuarto de siglo, y he pasado de joven a viejo. Aquí han nacido mis hijos, y uno de ellos está enterrado. Ahora me voy, sin saber cuándo volveré o si lo haré alguna vez, con una tarea ante mí mayor que la que recaía sobre el propio Washington. Sin la asistencia de ese Ser Divino, que siempre me ha escuchado, no puedo tener éxito. Con esa ayuda, no puedo fallar. Confiando en Él, que va conmigo, y permanece con vosotros y está en todas partes, esperemos confiadamente que todo saldrá bien. A su cuidado encomendándoos, como espero en vuestras oraciones me encomendéis a mí, me despido afectuosamente.
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Interesante reportaje, el fue católico?
No, el fue de la Iglesia Episcopal, sin embargo, crió a sus hijos según las normas de los bautistas. El personalmente era muy religioso y tenía una especie de Breviario hecho por él mismo, con el que oraba todos los días . Creía en la Providencia Divina.