Mes de María – Día 2

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Mes de María

Día 2

De la Inmaculada Concepción de nuestra Señora.

  1. ° Gracia concebida á María en su concepción.
  2. ° Cuanto estima María esta gracia.
  3. ° Lo que hizo para conservarla

Se inicia con la Preparación

PUNTO I. Quiero que pienses, cristiano, que la Virgen María recibió un favor único de Dios al ser concebida pura y sin mancha. Dios la protegió del pecado original, del que todos nacemos culpables, en un privilegio que no se le ha concedido a ninguna otra criatura. La Madre de Dios, para el papel que iba a desempeñar, merecía este extraordinario regalo. Como la madre de Dios, escogida para dar a luz al Dios santo, la elegida por el Señor para su complacencia y para vencer al mal, ¿podría ser, aunque solo fuera por un instante, esclava del Demonio, enemiga de Dios, merecedora de ira y condenación? Esto va en contra de la sabiduría y santidad de Dios. Por eso, casi todos los verdaderos creyentes siempre han estado convencidos de que María ha sido pura, santa e inmaculada desde el primer momento de su existencia. Su alma fue colmada de bendiciones y gracia, llena de virtud, y su corazón fue destinado a ser el lugar sagrado de la divinidad, sin mancha de pecado. Alegremos, fieles, con la Iglesia por esta gracia especial concedida a María, y regocijémonos al ver que este favor, que antes solo era una creencia piadosa para nuestros antepasados, hoy es un artículo de nuestra fe, según la declaración solemne de Nuestro Santísimo Padre, el Señor Pío IX.

PUNTO II. La Virgen Santísima era Madre de Dios, Reina de los hombres y de los ángeles, y soberana del universo. La prerrogativa de ser inmaculada le parecía más preciosa que las demás, porque la hacía más agradable al Señor. Muchos santos aseguraban que si ella hubiera podido elegir, habría preferido estar libre del pecado original en lugar de ser madre de Dios. La dignidad más alta no habría sido suficiente para reparar el daño de haber sido enemiga de su Creador por un solo instante. Nuestros sentimientos son muy diferentes. A menudo pasamos días, meses e incluso años en un estado lamentable. Hoy debemos aprender de nuestra Madre Santísima que la única cosa que debemos temer es el pecado, y que lo que realmente merece nuestra atención no son las cualidades del cuerpo, espíritu o nacimiento, sino la gracia de Dios, la virtud, la santidad y la inocencia del corazón.

PUNTO III. Aunque la Virgen Santísima fue exenta de toda fragilidad y sin inclinación al mal, y aunque fue concebida con todos los privilegios de la inocencia y confirmada en gracia por una providencia especial; sin embargo, temía mucho el pecado. Evitaba cuidadosamente las situaciones peligrosas, mantenía una vigilancia constante sobre todos sus sentidos, llevaba una vida laboriosa, penitente y mortificada, y hacía esfuerzos diarios para avanzar en la perfección. ¡Qué ejemplo para nosotros! Nosotros, que lejos de haber sido confirmados en gracia, hemos nacido en el pecado y con una inclinación tan fuerte al mal. Estamos llenos de hábitos criminales y somos débiles en la virtud. ¿Será extraño que caigamos tan a menudo en el pecado, al no tomar suficientes precauciones para evitarlo y al parecer buscar a menudo medios para avivar aún más nuestras pasiones?

La oración dé la página 25 y luego la siguiente:

ORACION

¡Querida Madre de Jesús! Me siento reconfortado al ver al demonio bajo tus pies en el misterio de tu Inmaculada Concepción. Eres la mujer fuerte predicha desde el principio, destinada a vencer al mal. Desde el primer momento de tu vida has resistido los ataques del maligno. Ruega por mí, que tengo profundas heridas causadas por ese cruel enemigo. Con humilde confianza acudiré a ti en todas mis tentaciones, esperando tu compasión y la fuerza para vencer a mis enemigos. Confío en que, al ganar la batalla en la tierra, recibiré del cielo la corona de la inmortalidad de tus manos. Amén.

EJEMPLO

UN DOCTOR CONVENCIDO

El famoso Alejandro Alés, quien fue uno de los primeros eruditos de la Universidad de París, experimentó en carne propia el interés que la Virgen María tiene en la gloria de su Inmaculada Concepción. Aunque era doctor y profesor en París, no prestaba mucha atención a celebrar esta festividad porque aún tenía dudas sobre la verdad de este misterio. Sin embargo, cada año, el 8 de diciembre, día en que la Iglesia celebra esta festividad, caía enfermo y sufría fuertes dolores, lo que le hizo reflexionar sobre el tema.

Cuando la enfermedad de este maestro se repetía cada año, sus seguidores notaron que siempre ocurría en la misma fecha. Le aconsejaron que hiciera un voto a la Virgen María para ser liberado de esta enfermedad anual, prometiendo escribir un libro en su honor. El maestro hizo el voto y milagrosamente se curó. Cumplió su promesa escribiendo un libro en honor a la Inmaculada Concepción de la Virgen María, retractándose de todo lo que había dicho en su contra.

PRACTICA

Tened una tierna y sincera devocion á la Inmaculada Concepción de María.

JACULATORIA

Per sactam virginitatem tuam, 
et inmaculatam Concepcionem, purissima virgo
inunda, cor meun et carnem meam.

Por vuestra santa virginidad é inmaculada Concepción,
oh Virgen pura y sin mancha, purificad mi alma y cuerpo.

Lo demás como en la pág. 28

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