13 de agosto
Papa san Ponciano e Hipólito
Ezequiel 2:8─3:4 Salmos 119:14, 24, 72, 103, 111, 131 Mateo 18:1-5, 10, 12-14
la biblia viviente
“…Como este rollo, y ve a hablar a los israelitas” (Ezequiel 3:1).
El Señor se dirigió a Ezequiel con una voz llena de autoridad y ternura, diciendo: “Hijo de hombre, toma lo que encuentres; consume este rollo y luego ve y habla a la casa de Israel.” Con reverencia y obediencia, Ezequiel abrió su boca y recibió el rollo sagrado que le fue ofrecido.
El Señor continuó: “Hijo de hombre, llena tu vientre y sacia tus entrañas con este rollo que te doy.” Ezequiel, al comerlo, descubrió que el rollo era dulce como la miel en su boca, una dulzura que simbolizaba la bondad y la verdad inherentes en la Palabra de Dios, a pesar de los mensajes de juicio que contenía.
Finalmente, el Señor le dijo: “Hijo de hombre, ve ahora a la casa de Israel y háblales con mis palabras.” Así, Ezequiel fue comisionado para llevar el mensaje divino a su pueblo, habiendo primero internalizado y saboreado la dulzura de la Palabra de Dios.
Estos versículos nos transmiten el mensaje contundente de la importancia de escuchar y internalizar la Palabra de Dios. Al saborearla, la hacemos parte de nosotros mismos, lo cual se relaciona directamente con la sagrada comunión. Cada vez que participamos en la comunión, nos convertimos en auténticos tabernáculos de la fe. Al ser portadores de Cristo vivo, asumimos la responsabilidad de ser la encarnación visible de la Biblia para aquellos que nos rodean.
La constitución dogmática del Segundo Concilio Vaticano sobre la Divina Revelación declara: “Todos los clérigos, especialmente los sacerdotes de Cristo, así como los diáconos y catequistas que legítimamente se dedican al ministerio de la palabra” (25). Esta exhortación también nos incluye a todos nosotros. Por lo tanto, consume el rollo, absorbe la Palabra de Dios y hazla el gozo y la alegría de tu corazón (Jer 15:16). En Jesús, la Palabra se hizo carne (Jn 1:14). En ti, la carne puede transformarse en Palabra.
Oración: Padre, quiero amar Tu Palabra más que el dinero y el placer (ver Sal 119:72).
Promesa: “¡Qué dulce es tu palabra para mi boca, es más dulce que la miel!” (Sal 119:103)
Alabanza: Los Santos Ponciano y Hipólito perdonaron a sus enemigos amargados – ellos mismos.
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Un comentario sobre “La importancia de escuchar e interiorizar la Palabra de Dios 13 de Agosto”