2 de septiembre
1 Corintios 2:1-5 Salmos 119:97-102 Lucas 4:16-30
¿Conocemos a Jesús?
“…para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:5).
Cuando Pablo llegó a Corinto para anunciar el testimonio de Dios, no lo hizo con palabras elocuentes ni con sabiduría humana. Su único propósito era predicar a Jesucristo, y a este crucificado. Pablo se encontraba entre los corintios con debilidad, temor y temblor, y su mensaje no se basaba en palabras persuasivas de sabiduría humana, sino en la demostración del Espíritu y del poder de Dios. De esta manera, la fe de los corintios no estaría fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
En el Evangelio de Lucas encontramos a Jesús en su ciudad natal. Veamos:
Jesús llegó a Nazaret, donde se había criado, y como era su costumbre, entró en la sinagoga el sábado y se levantó para leer. Le dieron el libro del profeta Isaías y, al abrirlo, encontró el pasaje que decía: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar el año agradable del Señor.” Después de leer, enrolló el libro, lo devolvió al ministro y se sentó. Todos en la sinagoga lo miraban atentamente, y Jesús les dijo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”
Al principio, todos hablaban bien de él y se maravillaban de las palabras de gracia que salían de su boca, pero también se preguntaban: “¿No es este el hijo de José?” Jesús les respondió: “Sin duda me diréis este refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo. Haz aquí en tu tierra lo que hemos oído que hiciste en Capernaum.’ Pero os aseguro que ningún profeta es aceptado en su propia tierra. Había muchas viudas en Israel en los días de Elías, cuando el cielo estuvo cerrado por tres años y seis meses y hubo una gran hambre en toda la tierra, pero Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una viuda en Sarepta de Sidón. También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán el sirio.”
Al oír esto, todos en la sinagoga se llenaron de ira. Se levantaron, echaron a Jesús fuera de la ciudad y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad, con la intención de despeñarlo. Pero Jesús pasó por en medio de ellos y se fue.
En el evangelio de hoy se confirma de manera inequívoca la identidad mesiánica de Jesús, respaldada por las profecías que lo proclaman como el Mesías.
Se evidencia de manera contundente el rechazo a los profetas y, en consecuencia, a Jesús, a pesar de su conocimiento en su ciudad natal. Este rechazo confirma la negativa de Israel hacia el Mesías prometido, impulsando así la Misión Universal hacia los gentiles en todo el mundo.
Y ante todo esto, se deja también establecida la Suprema Autoridad de Jesús, al no permitir que lo tocaran cuando querían matarlo, pues aún no era el momento. Jesús es Dios.
Oración: Padre, que yo pueda reconocer sin limites tu misisón mesiánica.
Promesa: “El Espíritu del Señor está sobre mí; porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4:18-19).
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Un comentario sobre “Jesús: identidad mesiánica y rechazo en Nazaret – 2 septiembre”