Cumplimiento de Promesas en el Adviento

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8 de diciembre

2do domingo de Adviento

Baruc 5:1-9 Filipenses 1:4-6, 8-11 Salmos 126:1-6 Lucas 3:1-6

Preparad el Camino del Señor

Preparad el Camino del Señor

Hoy san Lucas 3:1-6 introduce el ministerio de Juan el Bautista, el gran precursor de Jesús, y su mensaje que llama a la conversión y a la preparación para la llegada del Mesías. El Adviento se nutre con este evangelio por la preparación de toda la Iglesia para la llegada del niño Jesús en la Navidad. Por la predicación de Juan el Bautista, fuimos invitados a la conversión, a la preparación espiritual y para estar listos para recibir el cumplimiento de las promesas del Padre.

El evangelista sitúa el ministerio de Juan el Bautista en un contexto histórico específico, con todo lo relacionado con la época en que sucede. Después, cita al profeta Isaías, proclamando: «Una voz clama en el desierto: ‘Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo torcido se enderezará, y lo áspero será camino llano. Y todos verán la salvación de Dios.

El Llamado a la Conversión

Juan el Bautista llama a todos los pueblos a la conversión, a preparar sus corazones para la llegada del Mesias Salvador. La conversión, debe entenderse como un cambio radical tanto del corazón como de la mente; El gran retorno al Padre Celestial con sincero arrepentimiento de nuestros pecados. Este llamado es tan relevante hoy como lo fue en los tiempos de Juan. Nos recuerda la necesidad constante de examinar nuestras vidas, confesar nuestros pecados y buscar la misericordia de Dios, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación.

Preparar el Camino del Señor

San Juan el Bautista usa la imagen de Isaías de «Preparad el camino del Señor» como el esfuerzo pertinente para cambiar nuestras vidas y poder recibir a Jesucristo. En el Adviento, estamos llevados a prepararnos para la Navidad no solo con luces y desfiles, sino verdaderamente en nuestro interior: que nuestro corazón esté limpio, nuestra alma lo más pura posible y contando con la misericordia de Dios para una limpieza total; y así, recibir al «Dios con nosotros» dignamente.

Cumplimiento de las Promesas de Dios

Dios es siempre fiel y cumple sus promesas, y la predicación de Juan es el inicio del cumplimiento de enviar al Mesías a su pueblo. Jesús es el Verbo encarnado, el que viene de los cielos, es el Dios-hombre, y como diría san Atanasio de Alejandría, Dios se hizo hombre para que el hombre se haga Dios. De esa manera, todas las promesas de Dios se cumplen, la fidelidad de Dios es total. Este cumplimiento es una fuente de esperanza y confianza para los católicos, recordándonos que Dios siempre está presente y activo en la historia humana, llevando a cabo su plan de amor y redención.

La Universalidad de la Salvación

Para terminar, la frase «todos verán la salvación de Dios» (Lucas 3:6) destaca la universalidad del mensaje de salvación. La misión de Jesús no se limita a un grupo selecto, sino que está destinada a toda la humanidad. Como católicos, estamos llamados a ser testigos de esta buena noticia, compartiendo el amor de Dios con todos y trabajando por un mundo más justo y compasivo. Pero debemos recordar que muchos son los llamados y pocos los escogidos; dispongámonos, pues, a que Dios tenga suficientes motivos para escogernos.

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