Reflexiones de enero: Jesús y la Autoridad Espiritual

27 de enero

santa Ángela Merici

Hebreos 9:15, 24-28 Salmos 98:1-6 Marcos 3:22-30

jesús nos salva

Jesús “entró al cielo para presentarse delante de Dios en favor nuestro” (Hebreos 9:24).

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Es un evangelio muy interesante, ver cómo los enemigos de Jesús le acusan de ser de Belcebú y que por eso podía expulsar a los demonios. Jesús, como siempre, tiene la respuesta correcta.

El enemigo siempre busca la manera de ganar, si no esdesacretidtando el hecho, entonces desacretita a la perosna. Los escribas al ver que Jesús expulsa demonios, en seguida le acusan de ser parte de los demonios, es decir buscan hasta lo absurdo para encontrar un error y hacer quedar mal a quien está haciendo el bien.

Jesús responde con par+abaolas, como siempre lo hac+ia, ya que decía que si noes con ejemplos encillos no lo podían entender

La primera de Jesús, es que una casa dividida no puede mantenerse, un reino dividido es fácil presa de los reinos enemigos. Es claro que si él estuviera del lado de los demonios, entonces estaría cometiendo un grave error al dividir a las tropas del mal, expulsarse entre ellos es algo ilógico porque llevaría a perder la batalla.

Y la segunda parábola es que si alguien quiere dominar a alguien fuerte debe atarlo primero, como un ladrón que quiere saquear una casa; debe doblegar al guardia y luego hacer de las suyas. La autoridad de Jesús es superior a la de Satanás, por eso puede atarlo y expulsarlo de la persona poseída.

Y después de todo el evento, Jesús se refiere al pecado contra el Espíritu Santo, ese gran pecado que es imperdonable. Ese pecado es no aceptar a Jesús como Rey del Universo y negarse a ver la gran obra del Hijo de Dios en todo su esplendor. Es muy grave decir que no se quiere servir a Dios, y aún peor acusarle a Él mismo de evitar ese consentimiento. El pecado contra el Espíritu Santo no podrá ser perdonado, porque la misma persona se encierra en la soberbia de rechazar a Jesucristo.

Nunca abandonemos nuestra fe y creamos siempre en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Él es la palabra de Dios, el Verbo encarnado que vino para salvarnos.

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