16 de febrero
6to domingo Tiempo Ordinario
Jeremías 17:5-8 1 Corintios 15:12, 16-20 Salmos 1:1-4, 6 Lucas 6:17, 20-26
Los AYes
“¡Maldito el hombre que confía en el hombre, y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! Es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita” (Jeremías 17:5-6).
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Lucas 6:17, 20-26 nos presenta un momento profundamente significativo en el ministerio de Jesús, conocido como el Sermón de la Llanura. En este pasaje, Jesús, rodeado de una multitud que busca sanación y enseñanza, pronuncia las Bienaventuranzas y los «ayes», ofreciendo una visión transformadora del Reino de Dios.
En las Bienaventuranzas, Jesús proclama benditos a los pobres, a los que tienen hambre, a los que lloran y a los perseguidos por causa de la justicia. Estas palabras, lejos de ser un simple consuelo, son una invitación a vivir en la confianza absoluta en Dios, reconociendo que el Reino pertenece a quienes, en su humildad y dependencia, se abren al amor y la gracia divina. Es un llamado a despojarnos de las seguridades terrenales y a buscar la verdadera felicidad en la relación con Dios, quien exalta a los humildes y sacia a los necesitados.
Por otro lado, los «ayes» dirigidos a los ricos, a los saciados, a los que ríen y a los aplaudidos por el mundo, no son una condena absoluta, sino una advertencia. Jesús nos recuerda que aferrarse a las riquezas, al placer o al reconocimiento humano puede cerrar el corazón a las realidades espirituales, alejándonos de la verdadera vida en Dios. Es un recordatorio de que la felicidad terrenal es efímera si no está fundamentada en los valores del Evangelio.
Este pasaje nos invita, como cristianos, a reflexionar sobre nuestras prioridades y a vivir con los ojos puestos en el Reino de Dios. Nos llama a la solidaridad con los más necesitados, a la compasión con los que sufren y a la valentía de seguir a Cristo, incluso cuando ello implique ir contracorriente. Que estas palabras de Jesús nos inspiren a buscar la verdadera bienaventuranza, la que no se encuentra en lo material, sino en la entrega amorosa al Padre y al prójimo.
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