25 de febrero
Eclesiástico 2:1-11 Salmos 37:3-4, 18-19, 27-28, 39-40 Marcos 9:30-37
Sean como Niños
“Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba” (Eclesiástico 2:1).
#febrero #lecturadeldia
En este pasaje, Jesús y sus discípulos están de camino, y Él les anuncia por segunda vez su pasión, muerte y resurrección: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará» (Marcos 9:31). Sin embargo, los discípulos no comprenden sus palabras y tienen miedo de preguntar. Este momento refleja la dificultad humana para aceptar el misterio de la cruz, un tema central en la fe católica. La Iglesia enseña que la pasión de Cristo no es solo un evento histórico, sino el acto redentor por el cual se nos ofrece la salvación (Catecismo de la Iglesia Católica, 617). La incomprensión de los discípulos nos recuerda que el plan de Dios a menudo trasciende nuestra lógica terrenal.
Más adelante, Jesús sorprende a los discípulos discutiendo quién era el mayor entre ellos. En respuesta, Él les enseña una lección fundamental: «Si uno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Marcos 9:35). Luego, toma a un niño, lo pone en medio y dice: «El que reciba a un niño como este en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envió» (Marcos 9:37). Esta enseñanza resalta varias virtudes esenciales:
- Humildad: Jesús invierte los valores del mundo. En la tradición, la humildad es la base de la vida cristiana, como se ve en María y los santos, quienes se reconocen pequeños ante Dios. El Concilio Vaticano II subraya que todos estamos llamados a imitar a Cristo en su humildad (Lumen Gentium, 40).
- Servicio: Ser «servidor de todos» refleja el mandamiento del amor al prójimo. La Iglesia interpreta esto como una llamada a vivir la caridad, poniéndose al servicio de los demás, especialmente de los más vulnerables, como lo simboliza el niño en el relato.
- Dignidad de los pequeños: Al poner a un niño como ejemplo, Jesús destaca la importancia de los débiles e indefensos. En la enseñanza católica, esto se conecta con la defensa de la vida y la dignidad humana desde la concepción hasta la muerte natural, así como con la atención a los pobres y marginados (Gaudium et Spes, 27).
- Unión con Cristo: Recibir a un niño en nombre de Jesús es recibir al mismo Cristo, lo que apunta al misterio de su presencia en los demás. Esto resuena con Mateo 25:40 («Lo que hicieron a uno de estos pequeños, a mí me lo hicieron») y refuerza la doctrina de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo.
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