Santa Kinga: La Princesa Milagrosa de Polonia

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Santa Kinga: La Princesa que Trajo la Sal y Sabor a Polonia

Era en el año 1234, en la majestuosa Hungría, nació una princesa llamada Kinga. Hija del Rey Bela IV de Hungría. Como toda niña de la realeza su vida era entre castillos, joyas, sirvientes… la vida de cuento de hadas. Pero nuestra Kinga no era la típica princesa que solo pensaba en vestidos y bailes. No, señor. Desde jovencita, tenía un corazón que le latía al ritmo de la generosidad y la fe.

Cuando le tocó la hora de casarse, como era costumbre entre la realeza para sellar alianzas, la mandaron a Polonia para desposarse con el príncipe Boleslao V, el Casto. Y sí, ¡»el Casto» ya te da una pista de cómo iba la relación! Se dice que Kinga y Boleslao tenían un acuerdo de castidad, lo cual era bastante inusual y… ¡admirable! Así que, más que un romance de telenovela, lo suyo era una sociedad espiritual y de buen gobierno.

Ahora viene la parte más «salada» de la historia (y te prometo que el chiste es a propósito). La anécdota más famosa de Kinga es que, cuando llegó a Polonia, vio que les faltaba algo esencial: ¡sal! No tenían minas de sal y tenían que importarla, lo que era todo un problema. Así que Kinga, con su ingenio y su fe, ¡hizo un milagro!

Se cuenta que, antes de irse de Hungría, le pidió a su padre un anillo y, de alguna manera divina, lo lanzó a una mina de sal en Hungría. ¿Y qué crees? ¡Cuando llegaron a Polonia y empezaron a cavar en Wieliczka (donde están las famosas minas de sal hoy), encontraron el anillo de Kinga dentro de un bloque de sal! Y con el anillo, ¡una veta de sal gigante! ¡Boom! Polonia tenía sal para rato, gracias a su ingeniosa y piadosa princesa. ¡Imagínate la cara de los polacos cuando vieron eso! «¡Santa Kinga nos ha traído la sal!»

Después de que su esposo, el Rey Boleslao, falleció, Kinga, que nunca quiso el glamour del trono, se metió de lleno en la vida religiosa. Fundó un convento de Clarisas en Stary Sącz y se convirtió en monja, viviendo una vida de humildad y servicio hasta su fallecimiento en 1292.

Así que, cuando pienses en Santa Kinga, no solo imagines una princesa piadosa, sino a la «reina de la sal» que, con su fe y un poquito de magia divina, ¡le dio sabor a toda una nación! ¡Una verdadera figura con un corazón de oro y un toque de sal! Una fiel santa que sigue el mandato de Jesús de ser Sal de la Tierra, y sal muy buena, ahí están Polonia y Hungría como prueba.

Su fiesta se celebra el 24 de julio. ¡Justo el mismo día que Cristina la Admirable! ¡Qué casualidad tan agradable

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