San Alberto rescata a un niño de las aguas

24 de Noviembre San Alberto de Lovaina

El niño rescatado de las aguas

Muchos años después del martirio de San Alberto, en la ciudad de Lovaina había una familia humilde que vivía cerca del río Dyle. Una tarde de primavera, mientras los adultos trabajaban, un niño de unos cuatro años —llamado Matthijs— jugaba con una pequeña barca de madera cerca del agua.

Un tropezón, un resbalón… y el niño cayó al río, donde la corriente era sorprendentemente fuerte. En segundos, desapareció bajo el agua.

Los gritos de una vecina alertaron a todos. La madre corrió desesperada, pero era demasiado tarde: el niño ya no se veía. Los hombres se lanzaron al agua, pero la corriente oscura no permitía ver nada.

En medio del caos, la abuela del pequeño, mujer de profunda fe, levantó las manos y gritó con toda el alma:

> “¡San Alberto de Lovaina, mártir de Cristo, devuélvenos al niño!”

En el mismo instante en que pronunció la súplica, algo extraordinario ocurrió:
el agua del río, según los testigos, se arremolinó en un punto específico, como si una fuerza invisible empujara suavemente desde el fondo.

En ese remolino apareció el cuerpo del niño… pero aún respiraba.

Los hombres lo sacaron sin comprender cómo había podido conservar la vida. Según contaron después, había pasado casi tres minutos bajo el agua y sin embargo su corazón seguía latiendo.

El sacerdote del lugar declaró que no había duda: había sido un favor del mártir Alberto, a quien la gente del pueblo llamaba protector de las familias y amigo de quienes sufrían.

Desde entonces, muchas madres de Lovaina comenzaron la costumbre de enseñar a sus hijos una breve oración:

> “San Alberto, mártir santo, cuídame con tu manto.”

Y cada año, el día de su memoria, las familias llevaban una vela al altar donde se conservaban reliquias del santo, en agradecimiento por su protección.

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