San Francisco Xavier realiza un milagro


El ahogado que volvió a la vida

Durante su misión en Japón, San Francisco Javier visitaba una aldea costera cercana a Kagoshima. Allí los pescadores vivían con temor al mar, pues recientemente una serie de corrientes peligrosas había provocado naufragios.

Una tarde, mientras el santo instruía a los nuevos convertidos, corrió la noticia de que un joven pescador había caído al mar y había sido arrastrado por la corriente. Sus compañeros tuvieron que retirarse porque las aguas se habían vuelto violentas y ya no era posible alcanzarlo.
Horas después, el mar devolvió el cuerpo sin vida a la orilla.

La esposa del joven, llamada Hana, lloraba desconsolada. Francisco Javier, movido por una compasión inmensa, se acercó al cadáver. Los aldeanos estaban resignados; según sus costumbres, nada más podía hacerse.

Pero él, con una serenidad que sorprendió a todos, dijo:

“Para Dios no hay muerte que Él no pueda vencer.”

Se arrodilló junto al cuerpo frío y rígido, colocó sus manos sobre el pecho del joven y comenzó a rezar en silencio. Los testigos relataron después que el santo parecía entrar en una profunda unión con Dios: su rostro se volvió luminoso y una paz inexplicable cayó sobre los presentes.

Después de un largo momento de oración, Francisco Javier trazó una cruz sobre el pecho del hombre y pronunció:

“Jesús, Hijo de Dios, devuelve la vida a tu hijo.”

De pronto, algo increíble ocurrió.

El cuerpo del joven dio un leve estremecimiento.
Luego otro.
Sus pulmones, que estaban quietos, sorbieron aire de golpe, como si regresara de un viaje muy lejano.

La gente gritó, retrocedió, se llevó las manos a la boca.
Hana, la esposa, cayó de rodillas dando gracias entre sollozos.

El joven abrió los ojos confundido, pero vivo. Francisco Javier lo ayudó a incorporarse mientras todos contemplaban un prodigio imposible.

Aquel renacido se hizo cristiano junto con su familia, y su testimonio se convirtió en una de las primeras historias de conversión en Japón, difundida de generación en generación.

Deja un comentario