Martes de la VI semana del Tiempo ordinario

Febrero 17, 2026

Santiago 1, 12-18 Salmo 93, 12-13a 14-15. 18-19 Marcos 8, 14-21

Martes de la VI semana del Tiempo ordinario

Señor, dichoso aquel a quien tú educas

#lecturadeldia

La levadura que endurece el corazón

En este pasaje del Evangelio según San Marcos, los discípulos olvidan llevar pan en la barca y se preocupan por lo poco que tienen. Jesús aprovecha la ocasión para advertirles: “Cuidaos de la levadura de los fariseos y de la de Herodes”. Ellos, sin embargo, interpretan sus palabras en sentido puramente material. El diálogo revela no solo una confusión, sino una falta de comprensión espiritual.

La “levadura” es imagen de una influencia que penetra silenciosamente y transforma toda la masa. En este contexto, representa la hipocresía incrédula y el espíritu mundano que busca poder antes que verdad. Desde la doctrina católica, este pasaje muestra que el mayor peligro no es la escasez exterior, sino la corrupción interior del juicio y de la fe.

Jesús recuerda a los discípulos las multiplicaciones anteriores: ¿cuántas canastas sobraron? ¿No recuerdan? No los reprende por olvidar pan, sino por olvidar la acción de Dios. El problema no es la falta de alimento, sino la falta de memoria espiritual.

Según Santo Tomás de Aquino, la fe ilumina el entendimiento para interpretar correctamente los signos. Cuando la mente queda absorbida por preocupaciones materiales, pierde la capacidad de elevarse a lo espiritual. La incomprensión de los discípulos manifiesta una ceguera progresiva, no por mala voluntad, sino por lentitud en abrirse plenamente a la gracia.

Cristo formula preguntas incisivas: “¿Tenéis el corazón endurecido? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís?” En clave tomista, el endurecimiento del corazón es un estado en el que la voluntad resiste la verdad conocida o al menos experimentada. La gracia actúa, pero el hombre debe cooperar recordando, reflexionando y creyendo.

Este pasaje enseña que la verdadera amenaza para el discípulo no es la pobreza material, sino la pérdida de la mirada sobrenatural. Cuando el corazón olvida lo que Dios ha hecho, comienza a interpretar todo desde el miedo y la escasez.

En síntesis, Marcos 8, 14-21 es una llamada a purificar la mente de la “levadura” del orgullo y de la incredulidad, y a conservar una memoria viva de los dones recibidos. En la visión de Santo Tomás, la fe madura cuando el entendimiento aprende a leer los acontecimientos con luz sobrenatural y el corazón se mantiene abierto a la acción constante de Dios.

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