Piedras del edificio eterno
Del pensamiento de San Pío de Pietralcina
Hay momentos en la vida en los que no comprendemos lo que Dios está haciendo con nosotros. Llegan las dificultades, las enfermedades, las preocupaciones, las tentaciones, las tristezas y esos silencios de Dios que parecen interminables. Entonces surge inevitablemente la pregunta: ¿por qué permite el Señor que pase por todo esto?
San Pío de Pietrelcina utiliza una imagen muy hermosa para explicar este misterio: el alma es como una piedra destinada a formar parte de un edificio eterno. Así como una piedra necesita ser trabajada, tallada y pulida antes de ocupar su lugar en una construcción, también el alma necesita ser purificada y transformada para alcanzar la plenitud para la que Dios la ha creado.
El cincel y el martillo pueden parecer instrumentos de destrucción, pero en las manos del artesano tienen una finalidad. De la misma manera, ciertas circunstancias dolorosas pueden convertirse, bajo la acción de la gracia, en instrumentos de crecimiento espiritual.
Las pruebas pueden presentarse de muchas maneras: dificultades familiares, problemas económicos, enfermedades, incomprensiones, soledad o decepciones. También existen combates interiores: tentaciones, dudas, tristeza, miedo y cansancio espiritual. Sin embargo, atravesar una prueba no significa que Dios nos haya abandonado.
La cruz de Cristo nos revela precisamente lo contrario. Jesús mismo pasó por el sufrimiento, el abandono aparente y el silencio antes de llegar a la Resurrección. Por eso, cuando sufrimos, podemos unir nuestro dolor al suyo y descubrir en él un camino de santificación.
Esto no significa que debamos buscar el sufrimiento ni aceptar pasivamente aquello que puede y debe ser corregido. Significa confiar en que Dios puede sacar un bien incluso de aquello que nosotros nunca habríamos elegido vivir.
Uno de los mayores desafíos de la fe aparece cuando Dios parece ocultarse. Rezamos y no vemos respuesta; pedimos luz y continúa la oscuridad. Pero el silencio de Dios no significa necesariamente ausencia. A veces nuestra fe debe aprender a caminar sin depender de sentimientos o consolaciones.
Entonces podemos decir sencillamente: “Señor, no entiendo lo que estás haciendo, pero confío en Ti.”
Quizá hoy te sientas como una piedra golpeada por las circunstancias. No pierdas la esperanza. Dios conoce tu historia y ve aquello que tú todavía no puedes ver.
Nosotros vemos los golpes; Dios contempla la obra completa.
Permanezcamos en sus manos. Tal vez aquello que hoy parece solamente una prueba esté preparando, silenciosamente, una piedra más para el edificio eterno.
