Dios te eligió antes de que existiera el universo: el misterio de sabernos amados por Dios

Dios te eligió antes de que existiera el universo: el misterio de sabernos amados por Dios

Una reflexión espiritual inspirada en el pensamiento de la Madre Angélica

Hay una verdad de nuestra fe que, cuando logramos comprenderla, transforma profundamente nuestra manera de mirar la vida: Dios nos conoció, nos amó y nos eligió antes de que existiera cualquier cosa creada. Antes de que hubiera una estrella en el firmamento, antes de que existiera el universo, antes incluso de que los ángeles contemplaran la gloria divina, Dios ya nos conocía.

Este pensamiento, atribuido a la Madre Angélica, nos invita a contemplar uno de los misterios más hermosos del cristianismo: el amor de Dios no es una reacción a nuestros méritos, sino una iniciativa eterna de su voluntad.

1. Dios te conocía antes de que nacieras

Con frecuencia pensamos que nuestra existencia es el resultado de una sucesión de acontecimientos. Tenemos una historia, una familia, unas circunstancias y un lugar en el mundo. Sin embargo, nuestra fe nos enseña que nuestra vida no es indiferente para Dios.

El profeta Jeremías recoge estas palabras del Señor: «Antes de formarte en el vientre, te conocí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jeremías 1,5).

No somos desconocidos para nuestro Creador. Él conoce nuestras alegrías, nuestras heridas, nuestras debilidades y también aquellas batallas que nadie más puede comprender. Antes de que pudiéramos pronunciar su nombre, Él ya nos llamaba a la existencia.

2. Fuiste amado antes de poder ofrecer algo

En ocasiones, medimos nuestro valor por lo que hacemos, por nuestros éxitos, por el reconocimiento que recibimos o por la aprobación de los demás. Llegamos incluso a pensar que necesitamos ser perfectos para merecer el amor.

Pero Dios no nos ama porque seamos perfectos. Nos ama porque Él es amor.

San Pablo expresa esta verdad con extraordinaria profundidad: «Dios nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia por el amor» (Efesios 1,4).

Nuestra dignidad no depende de nuestros logros. Tampoco desaparece cuando fracasamos, cuando cometemos errores o cuando atravesamos momentos de oscuridad. El amor de Dios precede a nuestras obras y nos invita constantemente a la conversión.

3. Tu existencia tiene un propósito

Ser elegidos por Dios no significa que nuestra vida estará libre de sufrimientos, dificultades o incertidumbres. Significa que nuestra existencia está llamada a algo mucho más grande que las aspiraciones pasajeras de este mundo.

Dios nos llama a conocerlo, amarlo y participar de su vida divina. Nos invita a descubrir nuestra vocación y a responder libremente a su amor.

Por eso, incluso cuando no comprendemos el rumbo de nuestra historia, podemos confiar en que no estamos abandonados al azar. Nuestra vida está sostenida por una Providencia que supera nuestra capacidad de comprensión.

4. Nunca olvides que eres amado por Dios

Quizás hoy alguien necesite recordar esta verdad: no eres un accidente, no eres una equivocación y no eres una persona olvidada por Dios.

Antes de que existiera el universo, Dios ya conocía tu existencia en su designio eterno. Y en la plenitud de los tiempos, por amor a nosotros, envió a su Hijo Jesucristo para abrirnos las puertas de la salvación.

No permitas que tus errores te hagan olvidar el amor de Dios. No confundas tus circunstancias con tu dignidad. No midas tu valor por la opinión de quienes te rodean.

Dios te conoció, te amó y te llamó a la vida. Ahora te corresponde responder a ese amor con tu fe, tu fidelidad y tu entrega.

Porque antes de que existiera una estrella en el cielo, ya estabas presente en el designio amoroso de Dios.

Cita bíblica para meditar: Efesios 1,3-6.

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