No seas de los que dicen una cosa y hacen otra: San Carlos Borromeo y la coherencia de la vida cristiana
Hay una contradicción que debilita profundamente la vida cristiana: predicar una cosa y vivir de otra manera. Podemos hablar de Dios, enseñar su doctrina y participar en las celebraciones litúrgicas; pero, si nuestra conducta no refleja aquello que anunciamos, nuestro testimonio pierde credibilidad.
Esta es una de las grandes enseñanzas que encontramos en un sermón de san Carlos Borromeo, arzobispo de Milán, quien dirige una exhortación particularmente fuerte a los sacerdotes, pero cuya enseñanza alcanza a todos los cristianos: «No seas de los que dicen una cosa y hacen otra».
1. La santidad exige luchar contra nuestras debilidades
San Carlos reconoce que todos somos débiles, pero advierte que Dios ha puesto a nuestro alcance los medios necesarios para combatir nuestras inclinaciones desordenadas. La oración, el ayuno, la prudencia y el alejamiento de las ocasiones de pecado son instrumentos para avanzar en la vida espiritual. No basta con desear la santidad; es necesario trabajar por ella mediante decisiones concretas.
2. Proteger el fuego del amor divino
El santo utiliza una imagen hermosa: si el fuego del amor de Dios ya arde en nuestro interior, aunque sea pequeño, debemos protegerlo para que no se apague. El recogimiento, el silencio, la oración y la renuncia a las conversaciones inútiles ayudan a conservar viva nuestra relación con el Señor. El alma necesita silencio para escuchar a Dios.
3. Predicar primero con la propia vida
Una de sus advertencias más importantes se dirige a quienes tienen la responsabilidad de enseñar y predicar. Antes de anunciar el Evangelio con palabras, debemos procurar anunciarlo con nuestras obras. No significa que debamos ser perfectos, sino que hemos de vivir en permanente conversión, evitando que nuestra conducta contradiga aquello que enseñamos.
4. Cuidar las almas sin descuidar la propia
Quienes ejercen responsabilidades pastorales deben recordar que atender a los demás no significa olvidarse de su propia vida espiritual. Podemos dedicar mucho tiempo al servicio de la Iglesia y, sin embargo, descuidar la oración y la intimidad con Cristo. Nadie debe olvidar que también necesita alimentar su propia alma.
5. Todo debe hacerse por amor
San Carlos considera la oración mental indispensable para la vida sacerdotal. Debe preceder, acompañar y seguir nuestras acciones. Celebrar la Eucaristía, administrar los sacramentos, enseñar y servir requieren conciencia de lo que hacemos y amor a Dios.
Conclusión
La enseñanza de san Carlos Borromeo sigue siendo actual: nuestra fe necesita coherencia. No podemos hablar de humildad y vivir en la soberbia, predicar la caridad y despreciar al prójimo, ni enseñar el Evangelio mientras nuestra conducta lo contradice.
La santidad no consiste en aparentar perfección, sino en permitir que Cristo transforme nuestra vida.
Que nuestras palabras no sean más grandes que nuestras obras, porque el Evangelio no solamente se anuncia con los labios: debe hacerse visible en nuestra manera de vivir.
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