El comienzo del fin: vivir con la mirada puesta en la eternidad

El comienzo del fin: vivir con la mirada puesta en la eternidad

La Madre Angélica, fundadora de EWTN, comprendía una verdad fundamental de la vida cristiana: no podemos vivir como si nuestras acciones no tuvieran consecuencias eternas. Cada día, cada decisión y cada palabra forman parte de una historia de la que tendremos que responder ante Dios.

En una sociedad que nos invita a buscar el placer inmediato, el éxito material y el reconocimiento de los demás, la perspectiva de la eternidad nos recuerda que esta vida no es el destino definitivo del hombre. Estamos de paso. Nuestros días son limitados y llegará el momento en que compareceremos ante el Señor para dar cuenta de nuestra existencia.

La Madre Angélica expresaba esta realidad con una frase breve, incisiva y llena de sabiduría: «Cada uno lleva su propia carcasa al mercado. Así que ten cuidado».

Esta expresión nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad personal. Con frecuencia, nos preocupamos demasiado por la reputación ajena, señalamos los defectos de los demás y juzgamos sus errores, mientras descuidamos nuestras propias faltas. Sin embargo, al final, cada uno tendrá que responder por sus propios actos. No podremos presentar las virtudes de otros como si fueran nuestras ni justificar nuestras culpas señalando las debilidades del prójimo.

Jesucristo nos advierte en el Evangelio: «De toda palabra inútil que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio» (Mateo 12, 36). Estas palabras no pretenden sumirnos en el miedo, sino despertarnos de la indiferencia espiritual. La conciencia del juicio de Dios debe impulsarnos a vivir con mayor rectitud, humildad y caridad.

Recordar la eternidad cambia nuestra manera de vivir el presente. Nos ayuda a perdonar antes de que sea demasiado tarde, a reparar el daño causado, a abandonar el pecado y a reconciliarnos con Dios. También nos enseña que el verdadero éxito no consiste en acumular riquezas o aplausos, sino en llegar al final de nuestra vida en amistad con el Señor.

Por eso, conviene preguntarnos cada día: si hoy tuviera que presentarme ante Dios, ¿qué encontraría en mi corazón?

El comienzo del fin no es motivo de desesperación. Para quien vive en la gracia de Dios, es una invitación a la conversión y a la esperanza. Todavía tenemos tiempo para amar, corregir nuestros errores y preparar el encuentro definitivo con Cristo.

No perdamos la eternidad por vivir distraídos en las cosas pasajeras.

Un comentario sobre “El comienzo del fin: vivir con la mirada puesta en la eternidad”

Deja una respuesta