Salmo 55 (56)

El epígrafe indica probablemente el poético nombre de una canción que se traduce también: “Paloma de los lejanos terebintos” (Jonat élem rehoquim). y haría pensar en las nostalgias espirituales del Cantar. Contiene este Salmo la súplica —pronto seguida por la ardiente gratitud— de David, cuando los filisteos de Gat lo prendieron (I Reyes 21, 10-15). El rey se hallaba escondido en el país de los filisteos, donde su único consuelo era su arpa, en cuyas cuerdas traducía las angustias de su alma afligida.

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Salmo 54 (55)

Trascienden a través de estas estrofas las ansiedades que David experimentó en los días más tristes de su vida, cuando los enemigos, entre ellos probablemente también su hijo Absalón (versículo 14), sembraban desolación y ruina en las calles de Jerusalén. En sentido típico este Salmo de tan dolorosas experiencias se aplica a Jesucristo vendido por Judas (versículo 14 y nota). Las palabras entre corchetes son un agregado que alarga el estiquio y no añade, antes bien quita fuerza a la expresión.

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Salmo 53 (54)

El título indica que David compuso este Salmo cuando moraba fugitivo entre los cifeos, y éstos, para congraciarse con Saúl, lo traicionaron. Pone el santo rey, como siempre, toda su confianza en Dios, y sabemos que, como siempre, Su providencia vino en su auxilio y le salvó milagrosamente por una irrupción de los filisteos, que obligaron a Saúl a retirarse (I Reyes 23, 19 s.)

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Salmo 52 (53)

Con pocas diferencias, este Salmo es el mismo que el Salmo 13. Véase las notas de aquél. Es oscura la significación de Mahalat, palabra que no se encuentra en ese Salmo paralelo y que los exégetas modernos explican como indicación de una melodía triste.

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Salmo 51 (52)

Perseguido por Saúl, David se había refugiado en Nobe, donde estaba el Tabernáculo y
donde el Sumo Sacerdote Aquimelec lo acogió y proveyó de pan y armas. Denunció este hecho a Saúl
el idumeo Doeg, quien fue entonces encargado por aquél de dar muerte a Aquimelec y a otros
ochenta sacerdotes, lo que realizó del modo más repugnante contra aquel modelo de pastor (I Reyes
22, 6 ss.). David, enterado por Abiatar del infame suceso, habría dirigido aquí su indignado apostrofe
y su confianza en Dios vengador.

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Salmo 50 (51)

Este Salmo, el celebérrimo “Miserere de David” (el 4° de los siete Salmos penitenciales), es la expresión más perfecta de contrición, la confesión más sincera de un corazón arrepentido, la manifestación más profunda de un alma que no busca su propia justicia sino la que nos viene de Dios, según enseña San Pablo (Filipenses 3, 9 s.). Por esto resulta, a la vez que la más alta alabanza de la misericordia de Dios, un himno de gratitud y confianza

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Salmo 49 (50)

Asaf, un levita de la familia de Gersón, era maestro de música en tiempo de David (I Paralipómenos 6, 4-28; 15, 17 y 19). Doce Salmos llevan su nombre. En éste reprueba la religión formulista, que se cifra en prácticas exteriores, especialmente en el ofrecimiento de víctimas.

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Salmo 48 (49)

Oíd: Solemne llamamiento de la Sabiduría. Así también habló Moisés en el gran mandamiento: “Schma Israel” (Deuteronomio 6, 4). Hace resaltar el salmista en cuatro versos (2-5) la importancia del tema que va a tratar: la prosperidad de los pecadores no es más que apariencia. Los gozos y bienes de este mundo son falaces. Solamente el necio confía en ellos. Sobre los privilegios supremos que da la Sabiduría, véase Proverbios cap. 8 ss.; Sabiduría 6 ss.; Eclesiástico 24 y 39; 51, 18-38; Daniel 12, 3; Mateo 5, 19, etc. Jesús resumió todas esas maravillosas promesas al decir que María, la que escuchaba, eligió la mejor parte (Lucas 10, 42).

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Salmo 47 (48)

Este Salmo celebra a la Jerusalén liberada, en honor de Dios su libertador. Fillion lo llama “canto de victoria como los dos precedentes”.

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Salmo 46 (47)

El nuevo Salterio Romano titula este Salmo “Dios, Rey vencedor, asciende al trono” y resume así su contenido: “I. Dios, magno Rey, sujeta a su pueblo todas las naciones (2-5).

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