Promesas de Felicidad
..»Nos han condenado a ser felices por obligación, y lo que es peor, por imitación…»
Hoy en día, incluso posicionarse en contra se ha vuelto una tarea ardua. Desde que el libro 1984 de Orwell parece haberse transformado en un manual para los gobiernos, la situación no ha hecho más que empeorar. Resulta impactante, y no poco, el empeño de un estado supuestamente laico por controlar hasta lo que ocurre entre las sábanas de las personas. No tolera que alguien, en algún rincón, se atreva a discrepar de su orden omnipotente.
Es innegable que existe un ente central que ejerce un control mundial. Lo sé, muchos dirán que he perdido la cordura, pero sostienen esa opinión porque no se han detenido a mirar más allá de los hechos superficiales que los medios masivos nos presentan sin cesar. Y lo que resulta aún más alarmante es que esos medios ya no operan desde las sombras, sino que actúan abiertamente, incluso atacando y desmantelando las instituciones más fundamentales de la sociedad.
Te imponen condiciones para alcanzar la felicidad. Compra este coche y serás feliz. Fíjate en la magnitud de la hipnosis colectiva: cuando se establece que el dinero equivale a la felicidad, no es raro escuchar a alguien responder con sorna: «Entonces, déjame sufrir en mi Ferrari». Risas y más risas. Sin embargo, el dolor no desaparece; solo se aplaza y se endurece.
Esto es crucial, porque la felicidad se ha convertido en un instrumento de tormento. Nos venden la idea de que es algo instantáneo y fácil de obtener, una felicidad artificial, como una prótesis que no encaja en el cuerpo ni cumple su propósito. Así, las personas se vuelven adictas a emociones fugaces y carentes de sentido.

De pronto, una palabra absurda se convierte en tendencia. Te insisten que viajes, porque aparentemente no puedes estarlo en casa. El celular y la comida son la moda, acompañados de una mezcla caótica entre el idioma vernáculo y el inglés, tan confusa que ya no se sabe qué entender.
«Lo que ganas es para gastarlo en emociones» se ha vuelto la frase dominante. Se consume una avalancha de pseudoafectos que, como una droga, los calma por un instante, solo para dejar tras de sí una resaca que pone en evidencia el vacío interior de cada uno. Triste.
Pseudofilósofos se enredan en discursos vacíos, empujando a la humanidad a rendirse al culto del instante, a priorizar lo inmediato. El resultado es un agotamiento aturdido, un sueño inquieto a las tres de la mañana. «Mañana sí lo aprovecharé», resuena en sus mentes, aferrándose a la promesa de una felicidad y un gozo instantáneos.
¿Sentirse feliz es lo mismo que serlo?
No, y tampoco se trata de la alegría pasajera de un momento o la satisfacción por un logro alcanzado. La felicidad es una forma de contemplar la vida, de despertar cada mañana y descansar cada noche; es una actitud hacia quienes te rodean que los eleva y, al mismo tiempo, te hace crecer a ti.


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Reblogueó esto en Marly.
ES VERDAD SOLO VIVEN CON EL MARKETING QUE PASA CON LA PANDEMIAMUCHOS ESTAN TRISTES Y NO RECUPERAN EL VERDADERO SENTIDO DE LA VIDA
Recuerdo hace unos días leía un bonito ensayo sobre la felicidad y el placer; este relato va en ese sentido; la felicidad es genuina, el placer es momentáneo, o como alguien dijo, la serotonina es duradera vs la dopamina que se esfuma muy rápido. Saludos a todos.