BEATAS MARÍA TERESA FERRAGUD Y SUS CUATRO HIJAS MÁRTIRES

BEATAS MARÍA TERESA FERRAGUD Y SUS CUATRO HIJAS MÁRTIRES
María Teresa Ferragud Roig nació en Algemesí, provincia de Valencia en España, en el año 1853. Contrajo matrimonio con Vicente Masiá y juntos formaron una familia compuesta por nueve hijos. Su vida estuvo marcada por una profunda devoción y entrega a su fe.
María Teresa, junto con sus cuatro hijas, llevaron una vida ejemplar en la comunidad. Siempre dispuestas a ayudar a los más necesitados.
Sin embargo, su vida fue sacudida por la adversidad cuando estalló la Guerra Civil Española. En un contexto de persecución religiosa, María Teresa y sus hijas enfrentaron fuertes dificultades y sufrimiento. A pesar de las amenazas y los peligros que enfrentaban, nunca renunciaron a su fe y se mantuvieron firmes en su devoción.
Finalmente, el martirio llamó a la puerta de María Teresa y sus cuatro hijas. Fueron arrestadas y acusadas injustamente debido a su fe inquebrantable. A pesar de las torturas y los intentos de hacerlas renunciar a su religión, se mantuvieron firmes en su convicción hasta el último aliento.
María Teresa Ferragud y sus hijas se convirtieron así en mártires, víctimas de la intolerancia y la persecución religiosa. Su sacrificio y su testimonio de fe son un legado invaluable para toda la Iglesia Catòlica
Hoy en día, su memoria vive en los corazones de todos aquellos que reconocen su valentía y su devoción. La historia de María Teresa Ferragud y sus cuatro hijas mártires nos recuerda la importancia de defender nuestros principios y valores, incluso en tiempos de adversidad. Que su ejemplo inspire a todos a vivir una vida de fe, de servicio hacia los demás y de fidelidad a nuestro Dios.
María Teresa era de misa diaria, muy devota de la Eucaristía, de la Virgen y del Corazón de Jesús, y promovió en la parroquia actividades caritativas.
De entre sus hijas, Masiá Ferragud, María Jesús (1882), María Verónica (1884) y María Felicidad (1890) ingresaron en las clarisas capuchinas de Agullent (Valencia), mientras que Josefa de la Purificación (1897) ingresó en las agustinas descalzas de Benigánim (Valencia). Cuando estalló en España la persecución religiosa de 1936, las cuatro monjas contemplativas tuvieron que dejar sus conventos y se refugiaron en casa de su madre, viuda.
El 18 de octubre de aquel año, cuando los milicianos detuvieron a las monjas, la madre se empeñó en correr la misma suerte que sus hijas, y las cinco fueron encarceladas. El 25 de octubre de 1936 las fusilaron, primero a las hijas y después a su anciana madre, en la Cruz Cubierta de Alzira (Valencia). Como una nueva madre de los Macabeos, María Teresa animó a sus hijas al ser detenidas, permaneció a su lado aun cuando los guardias le insistían que se marchara a su casa, y les infundió ánimos al afrontar la muerte. Fueron beatificadas por San Juan Pablo II, junto con otros mártires valencianos, en 2001.

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