BEATA MARÍA ROSA PELLESI

BEATA MARÍA ROSA PELLESI

BEATA MARÍA ROSA PELLESI. Nacida en 1917 en Prignano sulla Secchia (Módena, Italia), la vida le regaló desde el inicio belleza, elegancia, buen humor, dulzura, alegría y mucha paz. Era la última de nueve hermanos, hijos de una familia de agricultores. Recibió una buena educación cristiana y se destacó por su inteligencia, su bondad y su generosidad.

A los 17 años, conoció también el amor. Se enamoró de un joven llamado Giuseppe, con quien planeaba casarse y formar una familia. Su existencia parecía haber tomado el camino de la plena realización y de la felicidad. El binomio amor-felicidad era el sueño que perseguía con todo su entusiasmo. Pero Dios tenía otros planes. Escuchó la voz del Señor, que la invitaba a dejarlo todo para seguirlo. Sintió el llamado a la vida religiosa, a pesar de las dificultades y los sufrimientos que eso implicaba.

El 27 de agosto de 1940 dejó su casa para entrar en el convento de las Religiosas Franciscanas de San Onofrio en Rímini, fundadas en 1885 por la madre Teresa de Jesús Crucificado —en el siglo Faustina de los condes Zavagli—, que después, por sugerencia de ella, se llamarían Franciscanas Misioneras de Cristo. Al profesar tomó el nombre de María Rosa. Emitió la profesión temporal el 25 de septiembre de 1942. Se dedicó a la enseñanza en la escuela Santa Ana, de Rímini, y luego en la escuela parroquial Pro-Patria, en Ferrara.

El 22 de julio de 1945 abrió una guardería en Tamara, en Ferrara, pero menos de tres meses después se tuvo que internar en la sección de enfermos de tuberculosis del hospital Santa Ana de Ferrara. Así comenzó, a los 27 años, una larguísima experiencia de dolor que se prolongaría durante otros 27 años, en los que permaneció hospitalizada y sufrió numerosísimas intervenciones quirúrgicas. Su aspiración fue siempre hacer la voluntad de Dios y ser santa en todas las circunstancias. En la escuela del Cristo crucificado, aprendió a sufrir y, sobre todo, a entregarse como ofrenda por amor. En el hospital se comportó como el buen samaritano, ayudando a los demás enfermos con su palabra, con su sonrisa y con su sola presencia. Describiendo su experiencia hablaba siempre de alegría, paz, serenidad, amor e incluso de felicidad. El 16 de julio de 1946 se consagró a la Virgen. Repitió la consagración el 8 de diciembre de 1961.

En marzo de 1947 tuvieron que operarla para eliminar las adherencias de un neumotórax y se vio afectada por una pleuritis con exudación. Desde entonces tuvieron que extraerle periódicamente líquido de la pleura, que se convirtió en una “fuente inagotable”. Un solo médico registró más de mil de esas intervenciones dolorosísimas (toracentesis). Durante una de ellas, el 28 de octubre de 1955, se rompió la aguja y, dado que no lograron extraérsela, llevó desde entonces clavada en su pecho esa “lanza”, como ella la llamaba, hasta su muerte. En uno de sus escritos afirma: “Me abandono totalmente en Jesús. Me fío de él. Lo amo. Es un abandono vivido en una oración continua y silenciosa”. A lo largo de 13 años llevó insertado, día y noche, el tubo de drenaje. Ante el agravamiento de su enfermedad, el 31 de agosto de 1947 anticipó la profesión perpetua.

Hizo peregrinaciones a Loreto en 1948, 1950 y 1957, y a Lourdes en 1951. Murió el 1 de diciembre de 1972, rodeada de sus hermanas de comunidad y de su familia. Su cuerpo fue trasladado al convento de Sassuolo, donde reposa actualmente. Fue beatificada el 29 de abril de 2007 por el papa Benedicto XVI, que la presentó como un ejemplo de “heroica fidelidad a Cristo y a su Iglesia”. Su fiesta se celebra el 1 de diciembre.

abril Adviento Agosto Arte Aviones Católica ciencia Corazon de Jesús cuaresma dailyprompt Diciembre enero Enigmas fantasmas febrero Gatos Historia Illinois izack4x4 Julio lecturadeldia leyendas Marzo mayo Meditación misterio mitos Navidad noviembre octubre Opinion ordinario Pascua Personajes Religion SaintCharles Salmos Salud Santoral Santos Segunda Guerra Septiembre Teología USA Virgen María

Deja un comentario