Mes de María – Día 21

Mes de María – Día 21

De la aparición del Salvador resucitado á su Santísima Madre

  1. ° Alegría de María al ver á su hijo resucitado.
  2. ° Al verle revestido de gloria y de inmortalidad.
  3. ° Al verle rodeado de sus discípulos, que le habían abandonado

La preparación (Aquí) como en la pág. 21

PUNTO I. El Salvador venció la muerte y el infierno al salir del sepulcro. Aunque no se menciona en el Evangelio, es razonable creer que la primera persona a quien se le apareció en este estado glorioso fue su Santísima Madre. El amor y respeto que ella le tenía, así como su cercanía durante la pasión de su Hijo, hacían que fuera justo que ella fuera la primera en compartir su alegría en este triunfo. De esta manera, Dios brinda consuelo a todos los que sufren por amor a Él. Sigamos el ejemplo de la Santísima Virgen, participando en el sufrimiento y la cruz del Salvador, para también compartir su alegría y triunfo junto a ella.

PUNTO II . Vamos a hablar sobre la alegría y la felicidad indescriptible que la Bienaventurada Vírgen María experimentó cuando su Hijo resucitó, apareciéndosele glorioso, inmortal y con todas las cualidades de los cuerpos gloriosos. Fue una gran recompensa después de las angustias que acababa de sufrir. Ella se postró a sus pies, lo adoró respetuosamente y besó amorosamente las llagas sagradas que decidió conservar como trofeos de su victoria. A partir de ese momento, la Soberana Señora comenzó a disfrutar de las delicias en las que viven los bienaventurados, incluso estando en la tierra como en un lugar de destierro, ya disfrutaba abundantemente de las alegrías del cielo. Celebremos, entonces, a nuestra Santísima Madre por esta alegría indescriptible y pidámosle que nos haga partícipes de su felicidad, y que aleje de nuestros corazones todo apego a las cosas terrenales.

PÜNTO III. Vamos a pensar en la alegría que sintió la Virgen María al ver de nuevo a los Apóstoles y Discípulos después de la resurrección de Jesucristo. Durante la crucifixión, todos lo abandonaron, solo San Juan tuvo el coraje de quedarse con él hasta el Calvario; los demás se dispersaron cuando su Maestro murió, como ovejas sin su pastor. Pero Jesucristo resucitó, y María, la tierna Madre del Salvador y sus discípulos, tuvo el dulce consuelo de ver a todas sus ovejas perdidas regresar. Y yo, que tantas veces entristecí el corazón de mi divina Madre, abandonando a su adorable Hijo para pecar y seguir al demonio, ¿cuándo podré darle el consuelo de verme regresar y unirme a él completamente? ¡Oh Virgen Santa! por mí mismo no puedo hacer nada, pero aún tengo la esperanza de que me extiendas tu compasiva mano, que me alejes de mis grandes errores y que finalmente me reconcilies con Jesús, tu amable Hijo.

La oracion para despues de la meditación (Aquí) pág. 25 y luego
la siguiente:

ORACION

¡Oh bienaventurada Madre de mi Dios! Qué acompañamiento tan magnífico seguiría a vuestro Hijo cuando resucitado se os apareció por primera vez. Todas las almas de los justos que se habían santificado por el espacio de cuatro mil años, nuestros primeros padres, los santos Patriarcas, los santos profetas, vendrían todos a rendiros homenaje como a su Reina; a reconoceros por su libertadora, y a manifestar el deseo que tenían de hallarse con vos en el Cielo. ¡Oh! Cuáles fueron entonces los transportes de su amor y de su reconocimiento hacia vos. Pero sobre todo, ¿quién podrá pintar lo que pasó en el corazón del santo Precursor y de vuestro casto esposo Señor San José en aquel feliz momento? Oh divina María! Yo me uno con todos los sentimientos de estas almas santas; os debo mucho ya, y aun espero deberos algún día mi felicidad eterna. Amén.

EJEMPLO

Confesion milagrosa por intercesión del santo Escapulario

Muchos son los milagros, dice el piadoso P. Cruset, obrados por María Santísima para autorizar las devociones que son de su agrado, como las del Rosario, el Escapulario y otras. No puedo aquí omitir la relación de uno que hace cuatro años se efectuó en el lugar mismo donde se libró la batalla de Lenef, y del cual me enteró el marqués de***, conocido por su probidad irreprochable. Me refirió, pues, al volver de la guerra, el siguiente caso, del que él mismo fue testigo ocular: El tercer día de la batalla, habiendo recibido órden de recorrer el campo de batalla, y de visitar a los heridos y ordenar que con las precauciones necesarias fuesen trasladados al hospital, observó que en medio de un montón de muertos había un soldado que llevaba el santo Escapulario, y que pedía con vivas ansias un sacerdote para confesarse. Se acercó a él y vio que, entre otras muchas heridas graves, tenía un sablazo en la cabeza, y un balazo le había atravesado la frente de manera que por dos lados se le veía el seso. Viéndole en tan deplorable estado, dijo el marqués a la gente que le seguía: Ved ahí un hombre muerto que es menester dejar en el campo; el desgraciado soldado, para quien no pasaron desapercibidas las palabras del marqués, suplicó encarecidamente que le colocasen en el carro de los heridos, y que le dejasen confesar con el primer sacerdote que encontraran, y después si querían le dejasen en el campo, o en cualquier otra parte. Se accedió a los justos deseos del pobre soldado, y a poco de caminar halló un sacerdote con quien confesó el moribundo, lleno de gran presencia de espíritu, y, después de haber tenido la dicha de recibir la absolución, levantó los ojos al cielo exhalando el último suspiro, mientras sus labios murmuraban el dulcísimo nombre de María.
Humanamente hablando, no podía el soldado sobrevivir ni un momento a la herida que recibió en la cabeza, y todos los circunstantes estuvieron contestes en que el haber continuado viviendo hasta el instante mismo de haberse confesado, era debido a la singular protección de María, alcanzada por medio del santo Escapulario (1.)

PRACTICA

Hoy, frente a una imagen de María, encomienda tu alma rezando el Acordaos. En momentos de peligro, recurre a esta oración, que ha tenido efectos maravillosos.

JACULATORIA

Unica spes mea Jesús, et post Jesum, Virgo María

Jesús es toda mi esperanza, y despues de él, la sois vos oh divina María.

Lo demás (Aquí) como en la página 28

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