Tratos de paz 9 de Agosto

9 de agosto

santa Teresa Benedicta de la Cruz

La Paz de Jesús y la Entrega Total a Su Voluntad

Nahum 2:1, 3; 3:1-3, 6-7 Deuteronomio 32:35-36, 39, 41 Mateo 16:24-28

“Miren sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz” (Nahum 2:1).

Nahum profetizó que el Mesías sería “el portador de buenas nuevas, anunciando la paz”. Destruiría por completo, deshonraría y avergonzaría al enemigo. (Nah 2:1; 3:6).

En los tiempos antiguos, Nahúm, cuyo nombre significa “consuelo”, profetizó sobre la ciudad de Nínive, la capital de Asiria. Su mensaje no solo advertía sobre el juicio divino, sino también sobre la condición pecadora de la humanidad. Aunque no mencionó directamente al Mesías, su obra contribuyó al plan redentor de Dios.

Jesús, el Hijo de Dios, encarnó las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento. Desde su nacimiento virginal hasta su sacrificio en la cruz, cada aspecto de su vida fue un cumplimiento divino. No derramó la sangre de enemigos terrenales, sino su propia y preciosa sangre, reconciliando a la humanidad con Dios.

Nahúm profetizó la caída de Nínive, mientras que Jesús, como Salvador, trajo redención a través de su sacrificio. Ambos son eslabones en la historia divina que revela el amor y la misericordia de Dios hacia la humanidad.

Encontramos en las Escrituras un llamado a la humildad y la renuncia de uno mismo. El pasaje de Mateo 16:24 nos insta a tomar nuestra cruz y seguir a Jesús, reconociendo que la verdadera paz se encuentra en la entrega total a Su voluntad. No se trata de exaltarnos, sino de someternos al Señor.

Asimismo, en Lucas 9:23, Jesús nos dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”. Aquí, la cruz simboliza la carga que debemos llevar como discípulos, y negarnos a nosotros mismos implica abandonar nuestra propia voluntad y seguir la de Cristo.

Finalmente, en Gálatas 6:14, el apóstol Pablo declara: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”. La cruz representa la victoria sobre el mundo y sus deseos, y nuestra identificación con la muerte y resurrección de Cristo

   La paz de Jesús es muy diferente a la del mundo (Jn 14:27). El mundo no puede darla ni quitarla. Es una paz “que supera todo lo que podemos pensar” (Fil 4:7).

Recibir a Jesús en el centro de nuestro ser es un acto de fe y rendición. Su paz trasciende las circunstancias y nos transforma desde adentro hacia afuera. Que podamos ser portadores de esa paz, compartiéndola con quienes nos rodean. Como bien dices

Oración:  “Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.”

Promesa:  “¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? (Mt 16:26)

Alabanza:  Santa Teresa Benedicta de la Cruz, una mujer de extraordinaria inteligencia, entregó su vida a Jesús, se convirtió a la Iglesia católica, abandonó una floreciente carrera académica, le sirvió como hermana religiosa y fue martirizada por su causa.

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