6 de septiembre
1 Corintios 4:1-5 Salmos 37:3-6, 27-28, 39-40 Lucas 5:33-39
Renovar todo
“… tendrán que ayunar” (Lucas 5:35).
Jesús enseña de manera contundente acerca del ayuno, destacando la diferencia en la práctica entre los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos, quienes ayunaban regularmente, y los discípulos de Jesús, que aparentemente no lo hacían. En su enseñanza, Jesús explica la naturaleza de su misión y la novedad del Reino de Dios con autoridad.

Jesús se identifica como el «esposo» y sus discípulos como los «amigos del esposo». En la tradición judía, las bodas eran momentos de celebración y alegría, no de ayuno. Jesús señala que, mientras él, el esposo, esté presente, no es apropiado que sus discípulos ayunen. No obstante, él anticipa su partida (su muerte y resurrección), momento en el cual sus discípulos sí ayunarán.
Jesús se vale de dos parábolas para ilustrar la incompatibilidad entre lo viejo y lo nuevo:
- El Manto Nuevo y el Viejo: Nadie corta un trozo de un manto nuevo para remendar uno viejo, porque se arruinarían ambos. Esto simboliza que el mensaje y la obra de Jesús no pueden ser simplemente añadidos a las viejas prácticas religiosas sin causar daño.
- El Vino Nuevo y los Odres Viejos: El vino nuevo debe ser puesto en odres nuevos, porque los odres viejos no pueden soportar la fermentación del vino nuevo y se romperían. Esto representa la necesidad de una transformación completa para recibir el mensaje del Reino de Dios. Las estructuras y prácticas antiguas no pueden contener la novedad del Evangelio.
En este pasaje del Evangelio, se subraya la asombrosa novedad radical que Jesús trae al mundo. Él no simplemente reforma las prácticas religiosas existentes, sino que inaugura una nueva era en la relación entre Dios y la humanidad. La Iglesia Católica interpreta estas parábolas como un llamado a la renovación constante y a la apertura a la acción del Espíritu Santo, que siempre trae vida nueva.
Además, el ayuno en la tradición católica es visto como una práctica importante, pero su significado y propósito deben ser entendidos a la luz de la presencia de Cristo. El ayuno no es un fin en sí mismo, sino un medio para acercarse más a Dios y vivir en conformidad con su voluntad. Esta práctica es mencionada en varios pasajes bíblicos, como en el libro de Mateo, donde Jesús mismo ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches en el desierto, resaltando la importancia espiritual del ayuno. Aparte de fortalecer la conexión con lo divino, el ayuno también puede servir como una oportunidad para reflexionar sobre la propia vida, practicar la disciplina personal y mostrar solidaridad con los menos afortunados. Por lo tanto, se considera una disciplina espiritual que puede tener impactos tanto personales como sociales dentro de la comunidad de fe.
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Un comentario sobre “Renovación constante y la novedad del Evangelio”