El Costo de Ser Discípulo de Jesús

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6 de noviembre

Filipenses 2:12-18 Salmos 27:1, 4, 13-14 Lucas 14:25-33

Con la Cruz

“El que no carga con su cruz y Me sigue, no puede ser Mi discípulo” (Lucas 14:27)

Lucas 14:25-33 es un mensajr muy importante en el que Jesús enseña sobre el costo de ser su discípulo. Veamos el texto:

«Grandes multitudes iban con él, y volviéndose les dijo: Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.»

Jesús expone las duras condiciones para ser su discípulo. Él no está sugiriendo que literalmente odiemos a nuestras familias, sino que nuestro amor y compromiso hacia Él deben ser absolutos y estar por encima de todas las demás relaciones y posesiones.

Jesús utiliza ejemplos de la vida cotidiana para ilustrar su punto. Habla de un hombre que quiere construir una torre y de un rey que va a la guerra. En ambos casos, enfatiza la importancia de calcular el costo antes de comprometerse. Esto se aplica al discipulado: seguir a Jesús requiere una reflexión seria y una disposición a sacrificar todo.

Cuando Jesús dice que debemos «aborrecer» a nuestras familias y nuestra propia vida, utiliza un lenguaje fuerte para enfatizar que nada debe anteponerse a nuestra lealtad hacia Él. No significa un odio literal, sino que nuestras prioridades deben estar claramente alineadas con el Reino de Dios.

Llevar la Cruz

Tomar nuestra cruz significa aceptar los sacrificios y sufrimientos que pueden venir al seguir a Jesús. Es un llamado a la entrega total y al compromiso inquebrantable con la misión de Cristo.

Finalmente, Jesús dice que cualquiera que no renuncie a todo lo que posee no puede ser su discípulo. Esto nos desafía a desapegarnos de las cosas materiales y a confiar plenamente en Dios. No se trata solo de una renuncia física, sino también de una disposición interna a poner a Dios por encima de todo.

Reflexión Final

Este pasaje nos invita a examinar nuestra relación con Jesús y nuestras prioridades en la vida. ¿Estamos dispuestos a poner a Jesús por encima de todo? ¿Estamos preparados para los sacrificios que conlleva seguirle?

La decisión de seguir a Jesús no debe tomarse a la ligera. Requiere una entrega total y una disposición a aceptar el costo del discipulado. Sin embargo, la recompensa es eterna y el propósito es claro: vivir una vida alineada con los valores del Reino de Dios.

Este pasaje es una llamada profunda a la reflexión y a la acción, desafiándonos a vivir de una manera que refleje nuestro compromiso total con Jesús. ¿Estamos dispuestos a pagar el precio?

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