Astucia para el Bien.

8 de noviembre

Filipenses 3:17─4:1 Salmos 122:1-5 Lucas 16:1-8

Astucia para el Bien

“El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a Su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo Su dominio” (Filipenses 3:21).

Veamos que nos dice el evangelio de hoy en san Lucas 16:1-8 (Biblia de Jerusalén)

«Decía también a los discípulos: ‘Había un hombre rico que tenía un administrador, y este fue acusado ante él de malbaratar sus bienes. Le llamó y le dijo: ¿Qué es eso que oigo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque no puedes seguir administrando. Entonces el administrador se dijo: ¿Qué voy a hacer, ya que mi amo me quita la administración? Cavar no puedo, mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando se me quite de la administración, me reciban en sus casas. Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Este respondió: Cien barriles de aceite. Le dijo: Toma tu recibo, siéntate y escribe cincuenta. Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Respondió: Cien fanegas de trigo. Le dijo: Toma tu recibo y escribe ochenta. El amo alabó al administrador injusto por haber obrado sagazmente; pues los hijos de este mundo son más sagaces con su gente que los hijos de la luz.’”


Reflexión:

En esta parábola, Jesús nos presenta una enseñanza que puede parecer paradójica. A primera vista, parece que está alabando la deshonestidad, pero una reflexión más profunda revela una lección crucial sobre la administración, la sabiduría y el uso de los bienes materiales.

Sabiduría en la Administración:
La acción del administrador, aunque deshonesta, muestra una gran astucia para asegurar su futuro. Jesús no alaba su deshonestidad, sino su capacidad para actuar con rapidez y previsión. En el contexto católico, esta parábola nos invita a reflexionar sobre cómo administramos los dones y recursos que Dios nos ha confiado. Se nos llama a ser sabios y previsores en nuestra administración, utilizando los bienes materiales de manera que beneficien no solo a nosotros mismos sino también a los demás.

La Lección Espiritual:
La Iglesia Católica enseña que los recursos materiales deben ser usados para el bien común y no solo para el beneficio personal. Esta parábola subraya la importancia de ser «hijos de la luz» que utilizan sabiamente sus recursos para promover el Reino de Dios. La astucia del administrador puede ser un llamado a los cristianos a ser igualmente diligentes y sagaces en su vida espiritual y en la promoción del bien.

Como Aplicarlo en la Vida Cristiana:
Como católicos, somos llamados a ser buenos administradores de los recursos que Dios nos ha dado. Esto incluye nuestro tiempo, talentos y bienes materiales. La parábola nos desafía a pensar en cómo podemos usar estos dones para servir a los demás y avanzar en nuestra misión como seguidores de Cristo. También nos recuerda la importancia de la honestidad y la integridad en todas nuestras acciones, buscando siempre el bien común y la justicia.

Para finalizar, la parábola del administrador astuto nos enseña sobre la importancia de la sabiduría y la previsión en la administración de los recursos, animándonos a ser buenos administradores y a usar nuestros dones para el bien común y la promoción del Reino de Dios.

No dejes tus dones olvidados, redescúbrelos y úsalos para llevar la Palabra de Dios a todo el mundo.

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