Saludo al Niño por Nacer: Reflexiones del Adviento

21 de diciembre

san Pedro Canisio

Cantar de los cantares 2:8-14 o Sofonías 3:14-18 Salmos 33:2-3, 11-12, 20-21 san Lucas 1:39-45

Un Saludo al Niño por Nacer

“¡La voz de mi amado! Ahí viene, saltando por las montañas, brincando por las colinas” (Cantar de los cantares 2:8).

#lecturadeldia #diciembre

El evangelio de hoy trata sobre la Visitación de la Virgen María a su Prima Isabel.

«En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y aconteció que cuando oyó Isabel la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; e Isabel fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz: ‘Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.»

La Alegría de la Visitación

Siempre es fascinante este encuentro; es una alegría indescriptible. El encuentro es el saludo de una madre a otra y de un niño que está por nacer a otro en su misma situación. La vida en su más excelsa expresión. Hoy, en tiempos en que algunos niegan la humanidad a los niños por nacer, Dios nos trae este encuentro lleno de saludos y alegrías entre dos niños que aún no han salido del vientre de sus madres. Uno es profeta y el otro es el Mesías, la máxima expresión del plan de Salvación que Dios ha establecido, que comienza, como todos, con los niños en el vientre de su madre.

La Bendición de Isabel

La madre del profeta, Isabel, bendice a la madre del Mesías, María; «Bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre». Esta bendición lo dice todo: es la proclamación de una nueva época de paz y salvación que surge de una virgen que da a luz a Dios Hombre, a Dios con nosotros.

La Fe de María

Seguimos con el adviento, es decir, seguimos esperando a Dios y estamos con la Virgen María con confianza y fe, y también con esperanza. Llega el Salvador y se cumplen las promesas de Dios y se realiza la voluntad de Dios.

El Espíritu Santo

Punto importante a considerar es que el Espíritu Santo es el protagonista de todo. Así es, Dios es el verdadero protagonista, no nosotros. Es Dios quien realiza las obras, no nosotros. Lo que hacemos es simplemente ser herramientas en manos de Dios para llevar a cabo lo que es correcto. Nuestra voluntad es perfecta cuando está totalmente alineada con la voluntad de Dios. Nuestras obras, esenciales para la salvación, deben ser obras de Dios y para Dios.

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