Superar la Incredulidad: Un Llamado a la Fe

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24 de febrero

Eclesiástico 1:1-10 Salmos 93:1-2, 5 Marcos 9:14-29

Todo es Posible para el que tiene Fe

“Todo es posible para el que cree” (Marcos 9:23).

#febrero #lecturadeldia

San Marcos nos presenta un encuentro cargado de dramatismo y enseñanza: la curación de un muchacho poseído por un espíritu maligno. La escena comienza con una multitud agitada, unos escribas discutiendo y un padre desesperado que clama a Jesús: «Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo» (Mc 9:17). Desde la doctrina católica, este relato nos introduce en la realidad del mal, no como una mera superstición, sino como una fuerza espiritual que esclaviza y destruye, opuesta al plan de Dios para la humanidad. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 391-395) reconoce la existencia de los demonios como ángeles caídos que, por su libre elección, se rebelaron contra Dios, y este episodio evidencia su poder limitado pero real sobre el mundo físico y espiritual.

El padre describe cómo el espíritu atormenta a su hijo, arrojándolo al fuego y al agua, buscando su destrucción (Mc 9:22). Aquí vemos un reflejo del sufrimiento humano, que la Iglesia interpreta como una consecuencia del pecado original y de la ruptura con Dios (CIC 400). Sin embargo, el grito del padre —»Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos» (Mc 9:22)— es un eco de la súplica confiada que la tradición católica fomenta en la oración. Jesús responde con una invitación a la fe: «Todo es posible para el que cree» (Mc 9:23). Este intercambio resuena con la enseñanza del CIC (150) de que la fe es un don de Dios que nos abre a su poder salvífico, pero también una respuesta humana que debe crecer y afirmarse.

La confesión del padre, «¡Creo, ayuda a mi incredulidad!» (Mc 9:24), es una joya teológica para la espiritualidad católica. San Agustín, en sus escritos, veía en esta frase la humildad de quien reconoce su fragilidad y se abandona a la gracia divina. Es un modelo de oración sincera que la Iglesia celebra: no se trata de una fe perfecta, sino de una fe viva, dispuesta a ser transformada por Cristo. La curación que sigue, cuando Jesús reprende al espíritu y libera al muchacho (Mc 9:25-27), manifiesta su autoridad divina como Hijo de Dios, victorioso sobre el mal, un tema central en la cristología católica (CIC 635). La aparente muerte del niño y su resurrección por la mano de Jesús prefiguran también el misterio pascual, donde la vida triunfa sobre la muerte.

Más tarde, los discípulos, que no pudieron expulsar el espíritu, preguntan a Jesús por qué fracasaron. Él responde: «Este género solo puede salir con la oración» (Mc 9:29; algunas versiones añaden «y ayuno»). Desde la doctrina católica, esta enseñanza subraya la necesidad de una vida espiritual profunda para enfrentar las fuerzas del mal. El CIC (1434) destaca que la oración y el ayuno son armas de la lucha espiritual, que unen al creyente a la cruz de Cristo y lo fortalecen contra el pecado y la tentación. No basta con la autoridad delegada a los apóstoles; se requiere una dependencia total de Dios, una lección que la Iglesia aplica a todos los fieles en su combate cotidiano contra el maligno.

En síntesis, Marcos 9:14-29 es un relato que, desde la fe católica, nos habla del poder de Cristo sobre el mal, de la fuerza transformadora de la fe humilde y de la importancia de la oración como vínculo con la gracia divina. Nos invita a acercarnos a Jesús con nuestras debilidades, confiando en que Él, el Salvador, puede liberarnos de toda opresión y conducirnos a la plenitud de la vida. Es un llamado a la esperanza, a la perseverancia y a la unión íntima con Aquel que todo lo puede.

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