14 de abril
Semana Santa
Isaías 42:1-7 Salmos 27:1-3, 13-14 Juan 12:1-11
El Amor Expresado
“María, tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio” (Juan 12:3).
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Juan 12:1-11 nos presenta un pasaje profundamente conmovedor y lleno de significado teológico, que nos invita a reflexionar sobre el amor, la entrega y el misterio de la redención desde la perspectiva de la doctrina católica. Este relato, situado seis días antes de la Pascua, nos muestra a Jesús en Betania, en casa de Lázaro, a quien había resucitado, compartiendo un momento de intimidad con sus amigos más cercanos. Es un preludio a los eventos de la Pasión, donde el amor y el sacrificio se entrelazan de manera sublime.
El gesto de María, ungir los pies de Jesús con un perfume costoso de nardo puro y secarlos con sus cabellos, es un acto de adoración y humildad que resuena con la enseñanza católica sobre la entrega total a Dios. En la tradición de la Iglesia, este acto no solo prefigura el lavado de los pies que Jesús realizaría en la Última Cena, sino también su propia sepultura. María, con su ofrenda extravagante, reconoce intuitivamente la dignidad divina de Cristo y anticipa el sacrificio redentor que Él está a punto de ofrecer en la cruz. Este gesto nos recuerda que, en la vida cristiana, nada es demasiado valioso cuando se trata de honrar a nuestro Salvador, quien dio todo por nosotros.
Por contraste, la reacción de Judas Iscariote introduce una nota de discordia. Su objeción, aparentemente práctica —“¿Por qué no se vendió este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?”—, es desenmascarada por el evangelista como una fachada para su codicia. Aquí vemos una advertencia clara contra el apego al dinero y la hipocresía, pecados que la doctrina católica condena firmemente. Judas, quien llevaba la bolsa, no se preocupa realmente por los pobres, sino por su propio interés. Este pasaje nos invita a examinar nuestras intenciones: ¿actuamos por amor genuino a Dios y al prójimo, o buscamos nuestro propio beneficio bajo pretextos virtuosos?
Jesús, con su respuesta, “Déjala, lo tenía guardado para el día de mi sepultura”, eleva el acto de María a un nivel profético. En la fe católica, la unción de Cristo no es un mero detalle, sino un signo de su identidad como el Ungido, el Mesías, cuyo cuerpo sería preparado para la tumba tras su muerte en la cruz. Además, sus palabras —“A los pobres los tendréis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis”— no son un rechazo a la caridad, sino una afirmación de la prioridad de adorar a Dios en el momento oportuno. La Iglesia enseña que el amor a los pobres y la adoración a Cristo no son opuestos, sino complementarios; sin embargo, aquí Jesús señala la urgencia de reconocer su presencia encarnada antes de que culmine su misión terrenal.
Finalmente, el texto menciona la curiosidad de la multitud, atraída no solo por Jesús, sino también por Lázaro, testigo vivo del poder de Cristo sobre la muerte. Este detalle subraya la doctrina católica de la resurrección, que encuentra en Jesús su fundamento. Lázaro, resucitado, es un signo de la victoria de Cristo, un anticipo de lo que Él logrará para toda la humanidad en su propia resurrección.
En resumen, Juan 12:1-11 nos llama a imitar la generosidad y devoción de María, a rechazar la avaricia de Judas y a maravillarnos ante el poder redentor de Cristo. Desde la perspectiva católica, este pasaje nos prepara para la Pascua, recordándonos que el amor verdadero se entrega sin medida, como hizo María, y como hizo Jesús en la cruz por nuestra salvación.
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