Domingo de Pascua de la Resurrección del SeñorVigilia pascual en la noche santa

4 de abril de 2026

Génesis 1, 1–2, 2 Salmo 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c. Génesis 22, 1-18 Éxodo 14, 15–15, 1 Éxodo 15, 1-2. 3-4. 5-6. 17-18 Isaίas 54, 5-14 Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b. Isaίas 55, 1-11 Isaίas 12, 2-3, 4bcd. 5-6 Baruc 3, 9-15. 32–4, 4 Salmo 18, 8. 9. 10. 11 Ezequiel 36, 16-17a . 18-28 Salmo 41, 3. 5bcd; Salmo 42, 3-4

Epístola Romanos 6, 3-11 Salmo Responsorial 117, 1-2. 16ab-17. 22-23

Evangelio Mateo 28, 1-10

Domingo de Pascua de la Resurrección del SeñorVigilia pascual en la noche santa

Aleluya, aleluya

#lecturadeldia

La Noche en que todo comenzó de nuevo

En esta noche santa, la Iglesia vela en silencio mientras el mundo duerme, porque esta es la noche en que todo cambió para siempre. La Vigilia Pascual no es simplemente el recuerdo de un acontecimiento pasado, sino la celebración del misterio central de la fe: Cristo ha vencido la muerte, y con Él comienza una nueva creación. Todo en esta liturgia habla de paso, de tránsito, de transformación: de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida, del pecado a la gracia.

San Pablo, en la carta a los Romanos, nos introduce en el significado profundo de la Pascua cuando afirma que por el Bautismo hemos sido sepultados con Cristo para resucitar con Él. La Iglesia siempre ha entendido estas palabras no como una metáfora, sino como una realidad espiritual verdadera. Según enseña Santo Tomás de Aquino, el Bautismo configura realmente al alma con Cristo muerto y resucitado; el cristiano muere al pecado y comienza ya en esta vida una existencia nueva. La Pascua, por tanto, no es solo algo que ocurrió en Cristo, sino algo que debe ocurrir en cada cristiano: morir al hombre viejo y nacer a la vida de la gracia.

El salmo proclama con alegría: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular”. Estas palabras resumen toda la historia de la salvación. Cristo fue rechazado, despreciado, condenado y crucificado; parecía derrotado, parecía fracasado, parecía que todo había terminado en el sepulcro. Pero precisamente aquello que el mundo rechazó, Dios lo convirtió en fundamento de la salvación. Así actúa Dios a lo largo de la historia: transforma la derrota en victoria, el sufrimiento en redención, la muerte en vida. Por eso la Iglesia canta: “Este es el día en que actuó el Señor”, porque en la resurrección comienza un mundo nuevo.

El Evangelio nos lleva al amanecer del primer día de la semana. Las mujeres van al sepulcro con tristeza, buscando un cuerpo muerto, y encuentran un sepulcro vacío y un anuncio que cambiará la historia humana para siempre: “No está aquí, ha resucitado”. Esta frase es el corazón del cristianismo. Si Cristo no hubiera resucitado, la cruz sería solo una tragedia y la fe no tendría sentido; pero Cristo ha resucitado, y entonces la muerte ya no tiene la última palabra, el pecado puede ser perdonado, la vida tiene un destino eterno y la esperanza no es una ilusión.

Cuando el Señor resucitado se aparece, sus primeras palabras son: “No tengan miedo”. Es como si la resurrección viniera a responder al miedo más profundo del ser humano, el miedo a la muerte, al fracaso, al sufrimiento, al sinsentido de la vida. La resurrección de Cristo no elimina el sufrimiento del mundo, pero le da un sentido; no elimina la muerte, pero la transforma en paso; no elimina la cruz, pero la convierte en camino hacia la gloria.

Por eso la Vigilia Pascual comienza en la oscuridad y entra una luz, el cirio pascual, que poco a poco ilumina toda la iglesia. Es una imagen de toda la historia humana: el mundo estaba en tinieblas, y Cristo resucitado es la luz que no se apaga. La Pascua es la victoria de esa luz sobre la oscuridad, de la vida sobre la muerte, del amor sobre el pecado.

En esta noche la Iglesia no solo recuerda la resurrección; la Iglesia vive la resurrección. Cada Pascua es como el amanecer del mundo otra vez. Y el mensaje que resuena desde el sepulcro vacío sigue siendo el mismo a través de los siglos: Cristo vive, la muerte ha sido vencida, y el hombre ha sido llamado a la vida eterna.

Esta es la noche en que todo comienza de nuevo. Esta es la noche en que la piedra rechazada se convierte en la piedra angular. Esta es la noche en que la Iglesia vuelve a cantar con alegría antigua y eterna:
Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado.

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