La Enseñanza del Padrenuestro: Oración y Confianza

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July 27, 2025

Génesis 18, 20-32 Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 6-7ab. 7c-8 Colonsenses 2, 12-14 Lucas 11, 1-13

XVII Domingo Ordinario

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El pasaje de Lucas 11, 1-13, que abarca la enseñanza del Padrenuestro y la exhortación de Jesús a la perseverancia en la oración, es un tesoro de la fe cristiana que ilumina el corazón del creyente sobre la relación filial con Dios. Este texto nos invita a contemplar la oración como un acto de confianza, humildad y dependencia de la providencia divina, enraizado en la caridad y la fe.

El relato comienza con los discípulos pidiéndole a Jesús: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11, 1). Este ruego refleja el anhelo humano de acercarse a Dios, reconociendo que la oración no es un acto meramente espontáneo, sino una disciplina que requiere aprendizaje y guía. Jesús responde entregando el Padrenuestro, una oración que, según Santo Tomás de Aquino, es la más perfecta, pues en ella se contiene todo lo que debemos pedir a Dios, ordenado según la recta razón y la voluntad divina (cf. *Summa Theologiae* II-II, q. 83, a. 9). En esta oración, el Doctor Angélico destaca que se pide primero la gloria de Dios («santificado sea tu nombre», «venga tu reino»), porque el fin último del hombre es la unión con Dios, y solo después se presentan las necesidades humanas («danos hoy nuestro pan de cada día»). Esto refleja el orden de la caridad: amar a Dios sobre todas las cosas y, desde ese amor, buscar lo necesario para la vida temporal.

La invocación inicial, «Padre», es profundamente significativa. Santo Tomás explica que llamar a Dios «Padre» no solo expresa la relación de creación, sino también la adopción filial que recibimos por la gracia de Cristo (cf. *Summa Theologiae* III, q. 23, a. 2). Esta filiación nos da confianza para acercarnos a Dios, no como siervos temerosos, sino como hijos amados. En este sentido, la oración del Padrenuestro es un reflejo de la vida teologal, donde la fe nos mueve a confiar, la esperanza a esperar los bienes prometidos, y la caridad a buscar la gloria de Dios.

El pasaje continúa con la parábola del amigo inoportuno (Lc 11, 5-8), que subraya la necesidad de la perseverancia en la oración. Santo Tomás, en su comentario sobre este evangelio, destaca que la insistencia en la petición no busca cambiar la voluntad de Dios, que es inmutable, sino transformar nuestro corazón, haciéndolo más receptivo a la gracia (cf. *Comentario al Evangelio de San Lucas*). La perseverancia, según el Aquinate, es un acto de humildad, pues reconoce que no merecemos los dones de Dios por nuestros méritos, sino que los recibimos por su misericordia. Esta enseñanza resuena con la doctrina católica, que nos exhorta a orar sin desfallecer, confiando en que Dios, como Padre bueno, siempre da lo que es mejor para sus hijos, aunque no siempre coincida con nuestros deseos inmediatos.

Jesús refuerza esta idea con las palabras: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Lc 11, 9). Santo Tomás interpreta estas palabras como una invitación a la confianza absoluta en la providencia divina. En su tratado sobre la oración, el Aquinate subraya que Dios no solo escucha nuestras peticiones, sino que las ordena hacia nuestro bien supremo, que es la salvación eterna (cf. *Summa Theologiae* II-II, q. 83, a. 15). La promesa de Jesús de que el Padre dará el Espíritu Santo a quienes lo pidan (Lc 11, 13) es, para Santo Tomás, la clave de toda oración: el don supremo es Dios mismo, que se nos da en la gracia del Espíritu Santo, fuente de toda santidad y vida divina.

Desde la doctrina católica, este pasaje nos enseña que la oración no es un mero cumplimiento ritual, sino un diálogo vivo con Dios, que nos transforma y nos une a su voluntad. La Iglesia, en su catequesis, nos recuerda que el Padrenuestro es el modelo de toda oración cristiana, pues nos enseña a ordenar nuestras peticiones según el plan de Dios y a vivir como hijos suyos. Santo Tomás añade que orar con fe y perseverancia es participar en la vida de Cristo, quien, como Sumo Sacerdote, intercede por nosotros ante el Padre.

Entonces, Lucas 11, 1-13 nos invita a vivir la oración como un acto de amor, confianza y entrega. Siguiendo las enseñanzas de Santo Tomás, comprendemos que el Padrenuestro no solo es una fórmula, sino una escuela de vida espiritual que nos lleva a buscar primero el Reino de Dios y a confiar en que el Padre, en su infinita bondad, nos dará lo que necesitamos para alcanzar la vida eterna. Que este pasaje nos inspire a orar con humildad, perseverancia y fe, sabiendo que nuestro Padre celestial siempre nos escucha y nos guía hacia su corazón.

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