July 29, 2025
Éxodo 33, 7-11; 34, 5b-9. 28 Del Salmo 102 Juan 11, 19-27
Memoria de de Santas Marta, María y Lázaro
El Señor es compasivo y misericordioso
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El pasaje de Juan 11, 19-27 nos sitúa en el corazón del misterio cristiano de la vida y la muerte. Marta, enfrentada al dolor de la pérdida de su hermano Lázaro, sale al encuentro de Jesús y, en un acto de fe, le dice: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” (Jn 11, 21). Pero no se queda en la queja, sino que añade: “Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá” (v. 22). Aquí comienza a revelarse un camino de fe que culmina en la confesión profunda: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo” (v. 27).
Para la Iglesia, este pasaje no es solo la preparación del milagro de la resurrección de Lázaro, sino una enseñanza viva sobre la fe en Cristo como Señor de la vida y vencedor de la muerte. En la muerte de Lázaro, Jesús se presenta como la Resurrección y la Vida (v. 25), una declaración que, como enseña Santo Tomás de Aquino en su Comentario al Evangelio de San Juan, expresa no solo un poder divino, sino una identidad: Cristo es la Vida misma, no meramente quien da la vida.
Santo Tomás comenta que Jesús dice “Yo soy la Resurrección” para mostrarse como el principio de la vida eterna, y “Yo soy la Vida” para indicar que ya ahora da la vida de la gracia a los creyentes. Para el Aquinate, este es uno de los momentos donde se manifiesta la unidad entre la gracia y la gloria: la fe en Cristo no solo nos asegura la vida futura, sino que ya aquí nos transforma interiormente.
Cuando Jesús pregunta: “¿Crees esto?”, la respuesta de Marta es el modelo de la fe eclesial. Según Santo Tomás, Marta no comprende aún el modo en que Jesús devolverá la vida a su hermano, pero cree firmemente en quién es Jesús. Así, la fe precede a la comprensión, y la esperanza se apoya en la confianza en la Persona de Cristo antes que en la explicación de sus obras.
El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 994) recoge esta enseñanza diciendo que en Jesús la esperanza cristiana de la resurrección alcanza su cumplimiento. La resurrección no es solo un hecho futuro, sino una realidad que ya se inaugura en Cristo y en la fe de quienes le confiesan.
Este pasaje es también una escuela de paciencia en la prueba. Santo Tomás observa que Dios permite la muerte de Lázaro para gloria de su Hijo, y para fortalecer la fe de los discípulos y de Marta. Así, la Providencia divina no siempre evita el sufrimiento, pero lo ordena hacia un bien mayor.
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