July 28, 2025
Éxodo 32, 15-24. 30-34 Salmo 105, 19-20. 21-22. 23 Mateo 13, 31-35
Lunes de la XVII semana del Tiempo ordinario
Perdona, Señor, las culpas de tu pueblo
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El pasaje de Mateo 13, 31-35 recoge las parábolas del grano de mostaza y la levadura, dos imágenes sencillas con las que Cristo revela el misterio del Reino de Dios.
Jesús dice: “El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre toma y siembra en su campo” (Mt 13,31). A primera vista, el grano de mostaza es algo insignificante, la más pequeña de las semillas, pero al crecer se convierte en un árbol donde anidan las aves. Así enseña Cristo que el Reino de Dios, aunque comience de forma humilde —en la predicación de un hombre sencillo en Galilea, en el pequeño círculo de los Apóstoles, en los primeros cristianos perseguidos— posee una fuerza interna que lo lleva a crecer y abrazar al mundo entero.
Santo Tomás, comentando este pasaje (cf. Catena Aurea), observa que la fe también se siembra en el corazón del hombre como una semilla. En su Summa Theologiae (II-II, q.4, a.7), nos enseña que la fe es como el principio vital del alma que, si se cultiva con la gracia y las obras, crece hasta llevar al hombre a la caridad perfecta. Así, la fe no debe despreciarse por sus comienzos humildes, porque es la semilla de la vida eterna.
La parábola de la levadura (Mt 13,33) revela otro aspecto: “El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que una mujer toma y mezcla con tres medidas de harina hasta que todo fermenta”. Aquí, Cristo señala cómo la acción del Reino es interior y transformadora. La levadura obra en silencio, pero todo lo penetra. Así actúa la gracia en el alma: no siempre es perceptible, pero va cambiando al hombre desde dentro. Santo Tomás subraya que la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona (STh I, q.1, a.8 ad 2). La levadura no anula la harina, sino que la convierte en pan. De igual modo, la acción de Dios eleva la humanidad sin violentarla.
Finalmente, el texto nos recuerda que “Jesús no les hablaba sin parábolas” (Mt 13,34). El Señor usa estos medios sencillos para revelar misterios profundos. Según Santo Tomás, las parábolas velan la verdad para los soberbios y la revelan a los humildes (STh I, q.1, a.9). Es una pedagogía divina: quien se acerca con sencillez y fe entiende; quien se acerca con soberbia y suficiencia se queda en la superficie.
En conclusión, estas parábolas nos invitan a no despreciar los comienzos humildes ni a desanimarnos por la pequeñez de nuestros esfuerzos en la vida cristiana. El Reino crece donde hay apertura, la fe se arraiga y la gracia transforma. Como enseña Santo Tomás, Dios actúa en lo oculto y en lo sencillo, y nuestra tarea es disponernos con humildad para que Su obra dé fruto en nosotros y en el mundo.
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